Homilías de los Sacerdotes

HOMILÍA | PBRO. JULIAN CRISTALDO | Resumen

En el marco de una emotiva celebración patronal, los fieles de la comunidad recibieron con gratitud las palabras del sacerdote invitado, quien compartió una profunda reflexión sobre el valor de la fraternidad cristiana y el testimonio evangélico de Marta y María.

Agradeciendo la invitación y rememorando sus primeras visitas pastorales junto a Monseñor Miguel Ángel Cabello, el celebrante destacó el crecimiento visible de la comunidad, no solo en estructuras, sino especialmente en su identidad de Iglesia viva, llamada a ser signo de comunión y hermandad.

Basado en el Evangelio de la visita de Jesús a la casa de Marta, María y Lázaro en Betania, la homilía subrayó cómo una familia puede ser modelo de comunidad fraterna. “Jesús entra en una aldea, como entra hoy en nuestras comunidades. Él quiere ser acogido en nuestros hogares, pero más aún, en nuestros corazones”, expresó con fuerza el sacerdote.

María, que se sienta a los pies del Maestro para escuchar su Palabra, representa la actitud del verdadero discípulo: quien sabe detenerse en medio del ajetreo para oír a Dios. Y Marta, que se afana en el servicio, encarna la entrega y generosidad en las tareas diarias. Ambas hermanas, con sus diferencias, muestran que la oración y la acción son dos dimensiones necesarias en la vida cristiana. “No se trata de elegir entre una u otra, sino de aprender a unirlas, haciendo de nuestra oración una fuente que alimente nuestro compromiso”, insistió.

El P. Julián también hizo un llamado a construir una sociedad verdaderamente fraterna, en tiempos en que la indiferencia, la violencia y el egoísmo hieren el ideal de hermandad soñado por Dios. “Ser Iglesia es reconocernos hermanos, y vivir la hospitalidad, el respeto, el diálogo y la solidaridad como signos del Reino”, afirmó.

Finalmente, animó a los presentes a interrogarse sobre sus verdaderas prioridades y a redescubrir la importancia de escuchar la voz de Dios en la oración cotidiana, como camino para fortalecer la comunidad y renovar la fe.

La comunidad, conmovida y agradecida, renovó su compromiso de ser reflejo de la Iglesia de Betania: una familia de hermanos que ora, sirve, acoge y construye.

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