La Santa Sede

El Papa León XIV inicia nuevo ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II, “estrella polar del camino de la Iglesia”

Ciudad del Vaticano
Durante la audiencia general celebrada en el Aula Pablo VI, el Papa León XIV anunció el inicio de un nuevo ciclo de catequesis dedicado al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus documentos, subrayando la importancia permanente de este acontecimiento eclesial que marcó profundamente la vida de la Iglesia en el siglo XX.

Tras concluir el Año Jubilar, en el que los fieles fueron invitados a contemplar los misterios de la vida de Jesús, el Santo Padre expresó que este nuevo camino catequético representa una ocasión providencial para redescubrir la belleza y actualidad del Concilio. Citando a san Juan Pablo II, recordó que dicho Pontífice definió al Vaticano II como «la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX».

Redescubrir el Concilio leyendo sus documentos

El Papa señaló que en 2025 la Iglesia conmemoró los sesenta años de la clausura del Concilio Vaticano II, un acontecimiento cercano en el tiempo, pero del cual ya no viven sus protagonistas directos. Por ello, insistió en la necesidad de volver a los textos conciliares, evitando interpretaciones parciales o superficiales, pues en ellos se encuentra un Magisterio que sigue iluminando a la Iglesia de hoy.

Recordó también las palabras de Benedicto XVI, quien afirmaba que los documentos conciliares no han perdido su vigencia, sino que se revelan particularmente pertinentes ante los desafíos de la sociedad contemporánea.

Una nueva época para la Iglesia


El Papa León XIV evocó el discurso de apertura del Papa san Juan XXIII, el 11 de octubre de 1962, quien describió el Concilio como la aurora de un día luminoso para toda la Iglesia. Destacó que el trabajo realizado por los Padres conciliares abrió una nueva etapa eclesial, fruto también de la renovación bíblica, teológica y litúrgica desarrollada a lo largo del siglo XX.

Entre los principales frutos del Concilio, el Santo Padre subrayó:

la redescubierta imagen de Dios como Padre que en Cristo llama a todos a ser hijos;

la comprensión de la Iglesia como misterio de comunión y sacramento de unidad;

la renovación litúrgica que promueve la participación plena y consciente del Pueblo de Dios;

y la apertura al mundo en diálogo, corresponsabilidad y compromiso con la justicia y la fraternidad.


El Papa recordó además que, gracias al Concilio, la Iglesia «se hace palabra, mensaje y coloquio», caminando por las sendas del ecumenismo, el diálogo interreligioso y el encuentro con quienes buscan sinceramente la verdad.

Vivir hoy el espíritu del Concilio

León XIV afirmó que este espíritu de apertura y discernimiento debe impregnar la vida espiritual y pastoral de la Iglesia actual. Señaló que aún queda camino por recorrer para realizar plenamente la reforma eclesial en clave ministerial, y que los cristianos están llamados a ser intérpretes atentos de los signos de los tiempos, anunciadores alegres del Evangelio y testigos valientes de justicia y paz.

El Papa citó también al entonces obispo Albino Luciani —futuro Juan Pablo I— quien, al inicio del Concilio, recordaba que el fruto más importante de esta experiencia eclesial debía ser una santidad más profunda y extendida.

En la misma línea, evocó las palabras del Papa Francisco, quien ve en el Concilio una llamada a devolver la primacía a Dios y a redescubrir una Iglesia “enamorada de Cristo y de todos los hombres a quienes Él ama”.

Un impulso misionero para el presente y el futuro

Finalmente, el Papa León XIV recordó el mensaje de san Pablo VI al concluir el Concilio, cuando invitó a los obispos a volver al mundo llevando la Buena Noticia del Evangelio, conscientes de que el tiempo conciliar había condensado pasado, presente y futuro de la Iglesia.

El Santo Padre afirmó que lo mismo corresponde a los cristianos de hoy: acercarse nuevamente a los documentos conciliares para acoger la tradición viva de la Iglesia, discernir los desafíos actuales y renovar el entusiasmo misionero.

Reafirmó que la Iglesia está llamada a llevar al mundo el Evangelio del Reino, «reino de amor, justicia y paz», permaneciendo fiel a la inspiración del Concilio Vaticano II, que continúa siendo —dijo— una luz segura para el camino eclesial del tercer milenio.

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