Resumen | Homilía del Rvdo. P. Simeón Saucedo – Día 3 de la Novena a San Alfonso

Tema: Los Jóvenes son la alegría y la esperanza de la Iglesia y del mundo – la juventud de San Alfonso, expresión de la esperanza de Dios
En el marco del tercer día de la novena en honor a San Alfonso María de Ligorio, el Rvdo. P. Simeón Saucedo ofreció una sentida homilía centrada en la juventud como signo de esperanza, vitalidad y transformación dentro de la Iglesia y la sociedad. Inspirado por el Evangelio según San Mateo, donde Jesús invita al joven rico a dejarlo todo para seguirlo, el padre Simeón reflexionó sobre el llamado a los jóvenes a vivir con radicalidad el Evangelio y a ser protagonistas del presente, no solo del futuro.
Al inicio, el celebrante destacó con alegría la numerosa presencia juvenil en la comunidad parroquial, a quienes definió como una señal viva de esperanza para la Iglesia. “Donde hay jóvenes, hay alegría”, expresó con entusiasmo, subrayando que su dinamismo, entrega y creatividad son un verdadero tesoro para la comunidad cristiana.
La homilía fue también una firme exhortación a los adultos: abrir espacio, confiar y acompañar a los jóvenes. “Si no les damos su lugar dentro de nuestras comunidades, ¿quién lo hará?”, cuestionó. En ese sentido, insistió en que la Iglesia debe ser el primer lugar donde los jóvenes encuentren acogida, formación y sentido de pertenencia.
Recordó con fuerza las palabras del Papa Francisco a los jóvenes en la JMJ de Río de Janeiro: “¡Hagan lío!”, instándolos a ser agentes de cambio, comprometidos con la justicia, la paz, el cuidado de la creación y la comunión. También hizo mención del Beato Carlo Acutis como un modelo actual de santidad juvenil que, utilizando los medios digitales, evangelizó con autenticidad y creatividad.
El padre Simeón conectó este llamado con la vida de San Alfonso, resaltando cómo, aún en el siglo XVIII, el santo redentorista tenía una mirada pastoral hacia los jóvenes. A través de las famosas “capillas del atardecer”, Alfonso reunió a muchachos para compartir la fe, la Eucaristía y la formación espiritual. “Estas plantas –decía Alfonso refiriéndose a los jóvenes– deben cultivarse, porque el mayor bien o el mayor mal en la sociedad depende de ellos.”
En un tono pastoral y esperanzador, el predicador concluyó animando a todos los presentes a acompañar, apoyar y confiar en los jóvenes: “Una comunidad que da oportunidades a sus jóvenes es una comunidad viva que camina con el Señor. Pero aquella que no lo hace, corre el riesgo de apagarse.” Con emoción, pidió la intercesión de San Alfonso y de la Virgen María para que nunca falte en la Iglesia el compromiso por la juventud, verdadera semilla de redención y esperanza.
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