Santo del Día

SANTORAL DEL DÍA – 6 de agosto | La Transfiguración del Señor

La fiesta de la Transfiguración celebra el momento en que Jesús revela su gloria divina a tres de sus discípulos en un monte elevado, anticipando su Resurrección y fortaleciendo su fe para afrontar la Pasión.

Origen de la fiesta

La celebración tiene sus raíces en la dedicación de una basílica en el Monte Tabor, lugar tradicional del acontecimiento. En Occidente, comenzó a celebrarse en el siglo IX y fue incluida en el calendario romano en 1457 por el Papa Calixto III, en agradecimiento por la victoria cristiana en la batalla de Belgrado.

Evangelio (Mateo 17, 1-9)

> “Su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz.”

Jesús, acompañado por Pedro, Santiago y Juan, se transfigura mostrando su gloria. Aparecen Moisés y Elías conversando con Él, y una voz del cielo declara:

> “Este es mi Hijo amado, escúchenlo.”

Sentido profundo

La Transfiguración se sitúa entre el anuncio de la Pasión y la llamada a tomar la cruz.

Jesús anticipa su gloria para preparar a sus discípulos ante su muerte.

Revela que el camino de la cruz conduce a la Resurrección.

La montaña como lugar sagrado

La subida al monte evoca otros encuentros con Dios (Sinaí, Horeb). En la cima, se revela una dimensión más profunda de Jesús: su unión con el Padre.

Moisés y Elías

Representan la Ley y los Profetas, es decir, todo el Antiguo Testamento que encuentra cumplimiento en Cristo. También son «amigos del alma», con quienes Jesús se fortalece para afrontar su Pasión.

La nube y la voz del Padre

Símbolo de la presencia divina. La voz del cielo remite al bautismo de Jesús y confirma su identidad:

> «Escúchenlo.»
La Palabra de Jesús es la guía segura, incluso en medio de la oscuridad.

«¡Qué bien estamos aquí!»

Pedro quiere quedarse, construir tres tiendas, pero la experiencia de fe no se encierra en el monte: invita a bajar y vivir el Evangelio en la vida diaria.

Reflexión final

La Transfiguración nos invita a:

Buscar momentos de encuentro profundo con Cristo.

Escucharlo con atención y obediencia.

Dejar que su Luz ilumine nuestras cruces diarias.

No quedarnos en las emociones, sino vivir desde la fe, con valentía.

> «Levántense, no tengan miedo.» (Mt 17,7)

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