En “Psicología para Todos” abordan el Trastorno Borderline, el Narcisismo y su relación con la nulidad matrimonial

En una reciente edición del programa “Psicología para Todos”, conducido por el psicólogo Miguel Araujo, se desarrolló un profundo diálogo con el Pbro. Adrián Medina, párroco de la Parroquia Santa Librada y doctor en Derecho Canónico por la Universidad Lateranensis de Roma. La temática principal giró en torno a dos realidades psicológicas complejas —el trastorno límite de la personalidad (borderline) y el narcisismo— y su impacto en la vida conyugal, con especial atención al ámbito de la nulidad matrimonial.
El padre Adrián explicó que, según el Derecho Canónico, hay circunstancias psicológicas que pueden impedir que el consentimiento matrimonial sea válido, distinguiendo con claridad entre las meras dificultades de la convivencia y la incapacidad real para vivir el matrimonio. Citando su propia tesis doctoral, recogida en un libro que sirvió de referencia durante la conversación, recordó que la enseñanza de la Iglesia excluye la mera dificultad como causa de nulidad, pues para que esta exista debe haber una verdadera patología que limite la voluntad o la capacidad de los contrayentes.
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Miguel Araujo ilustró el tema describiendo casos de personas con trastorno borderline: al inicio de la relación pueden mostrarse extremadamente complacientes y dependientes, pero luego pasan —sin quererlo— a actitudes hostiles y destructivas. En estos casos, la enfermedad puede manifestarse incluso durante el noviazgo con amenazas de autolesión o conductas manipuladoras para evitar la ruptura. El psicólogo subrayó que este tipo de comportamiento no es simplemente “falta de voluntad”, sino consecuencia de una condición clínica que exige intervención profesional.
El padre Adrián amplió la reflexión, presentando otros perfiles psicológicos relevantes: el narcisista, centrado en sí mismo y falto de empatía; el paranoico, marcado por la desconfianza permanente y conductas de control obsesivo; y el dependiente afectivo, que vive en constante necesidad del otro para sostener su autoestima. También mencionó una segunda tipología que abarca trastornos como la neurosis, la histeria, la hipocondría o las fobias, los cuales, si no son tratados, pueden dañar gravemente la relación matrimonial.
Ambos coincidieron en que es fundamental un enfoque integral en la atención de estos casos, que incluya la dimensión psicológica y espiritual. Araujo advirtió que acudir únicamente a un psicólogo o solamente a un sacerdote puede dejar el problema “a la mitad”, pues la persona es un ser completo —cuerpo, mente y espíritu— y todas sus dimensiones se interrelacionan.
El diálogo abordó también un aspecto clave: la necesidad de que los peritos —psicólogos o psiquiatras que intervienen en causas de nulidad— tengan presente la antropología cristiana al evaluar a las personas. Esto implica reconocer la visión integral de la persona, su apertura a lo trascendente, la capacidad de autodominio, la libertad moral y la distinción entre dificultad e incapacidad real para consentir.
El padre Adrián recordó palabras de San Juan Pablo II a la Rota Romana en 1987, donde el Papa dejó claro que solo la incapacidad, y no la dificultad, invalida el consentimiento matrimonial. También advirtió sobre ciertas corrientes psicológicas, como el psicoanálisis freudiano, que pueden interpretar como “normal” lo que para la Iglesia es un pecado grave, generando evaluaciones parciales o erróneas.
La conversación concluyó con un llamado a la prudencia: no todo conflicto matrimonial debe derivar en una solicitud de nulidad. Muchas dificultades son superables con voluntad, paciencia, terapia y acompañamiento espiritual. En los casos donde realmente exista una patología incapacitante, la Iglesia, a través de sus jueces y peritos, debe buscar siempre el favor veritatis —el favor de la verdad— para obrar con justicia y caridad hacia las partes.
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