El Papa León XIV: “Dios no quiere perder a ninguno de sus hijos”

Durante el Ángelus de este domingo 2 de noviembre, el Santo Padre invitó a contemplar la esperanza de la resurrección, recordando que en la memoria viva de Jesús nadie se pierde para siempre.
La esperanza que nace de la resurrección
Desde la Plaza de San Pedro, en el XXXI Domingo del Tiempo Ordinario y en el marco de la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, el Papa León XIV dirigió un mensaje centrado en la esperanza cristiana que brota del misterio pascual.
“La resurrección de entre los muertos de Jesús ilumina el destino de cada uno de nosotros”, dijo el Pontífice, citando el Evangelio de San Juan: «La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día» (Jn 6,39).
El Santo Padre subrayó que el núcleo de la preocupación de Dios es que nadie se pierda para siempre, sino que cada persona conserve su unicidad ante Él. “Cada ser humano es un mundo entero”, expresó.
Una comunión de las diferencias
Recordando la solemnidad de Todos los Santos, celebrada el día anterior, el Papa León XIV destacó la belleza de la “comunión de las diferencias”, una imagen viva de la familia de Dios en la que todos los hijos e hijas son llamados a participar.
El Papa evocó palabras de Benedicto XVI para explicar que la “vida eterna” no es un tiempo sin fin, sino “sumergirse en el océano infinito del amor”, donde el tiempo deja de existir y la vida alcanza su plenitud.
La memoria cristiana que vence el olvido
El Pontífice advirtió sobre la fragilidad de la memoria humana y resaltó que sólo en la memoria viva de Jesús, “incluso quien nadie recuerda o quien la historia parece haber borrado, aparece en su infinita dignidad”.
Por eso, recordó que los cristianos oran por los difuntos en cada Eucaristía, porque de la memoria pascual de Cristo nace la esperanza de que “nadie se perderá”.
Una invitación a la esperanza
Su Santidad el Papa León XIV invitó a que la tradicional visita a los cementerios sea una ocasión de silencio, oración y espera confiada. “Conmemoramos el futuro —afirmó—, no estamos encerrados en el pasado ni confinados en el presente”.
Finalmente, encomendó a todos a la intercesión de la Virgen María, “mujer del Sábado Santo”, que enseña a esperar incluso en medio de la oscuridad.
