Una Luz que no se Apaga: La Familia Carmelita Llora la Pérdida de Cinco Hermanas en Tanzania

La comunidad carmelita se encuentra en oración y duelo tras un fatal accidente en Mwanza, Tanzania, que segó la vida de cinco de sus miembros, incluyendo a su máxima autoridad, y deja a una más luchando por su vida.
CIUDAD DEL VATICANO / MWANZA. – Con el corazón destrozado por el dolor pero anclado en la roca firme de la esperanza cristiana, la Familia Misionera Carmelita anuncia con profunda tristeza el tránsito a la Casa del Padre de cinco de sus hijas más entregadas. Un trágico accidente de tráfico ocurrido ayer por la tarde en Mwanza, Tanzania, ha conmocionado a toda la congregación y a la Iglesia universal.
Las siervas de Dios llamadas a la eternidad son:
· Hermana Lilian Gladson Kapongo, Superintendente General de la congregación, quien guiaba con sabiduría y fe el camino de toda la familia misionera.
· Hermana María Nerina De Simone, quien servía como Consejera y Secretaria General, pilar fundamental en la administración y la vida interna del instituto.
· Hermana Damaris Matheka, Consejera Provincial, cuya labor era clave en la animación de las hermanas en su región.
· Hermana Stellamaris Muthini, fiel misionera que entregaba su vida al servicio de los más necesitados.
· El conductor, cuyo nombre se mantiene en el respetuoso anonimato mientras se informa a su familia, y a quien también se encomienda a la misericordia divina.
En un comunicado, la congregación encomendó a sus hermanas “a la infinita bondad y misericordia de Dios, con la certeza de que hoy participan en la gloria eterna, después del fiel cumplimiento de su misión terrenal”. Su partida no es un adiós, sino el cumplimiento de la promesa de encontrarse con el Esposo, tras una vida de entrega evangélica.
Un llamado a la oración en la tribulación
En medio de la tragedia, la comunidad eleva sus plegarias con urgencia por la Hermana Paulina Crisante Mipata, única superviviente del siniestro, quien se encuentra en estado crítico en un centro hospitalario. Se pide a todas las comunidades religiosas y a los fieles laicos que se unan en oración para implorar al “Señor, rico en amor, que la sostenga con su gracia y le conceda la salud”.
Este momento de inmenso dolor es también un testimonio palpable de fe. La congregación hace un llamado a mantenerse unidos “como una familia misionera carmelita”, encontrando consuelo en la certeza de la Resurrección. El legado de las hermanas fallecidas, resumido en su lema “Misioneras a la consumación de siglos”, se erige ahora como un faro que continúa iluminando el camino de quienes quedan en la viña del Señor.
Se espera que en los próximos días se anuncien los detalles de las ceremonias fúnebres para dar el último adiós a estas siervas fieles, cuyo martillo deja de latir en la tierra para unirse al coro eterno de alabanza en el Cielo.



