EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 27 DE SEPTIEMBRE – COCLO C

Primera Lectura
Zacarias (2, 5-9.14-15)
Lectura del libro de Zacarias Yo vengo a habitar dentro de ti.
Alcé la vista y vi a un hombre con un cordel de medir. Pregunté: «¿Adónde vas?» Me contestó: «A medir Jerusalén, para comprobar su anchura y longitud».
Entonces se adelantó el ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, diciéndo: «Corre a decirle a aquel muchacho: «Por la multitud de hombres y ganado que habrá, Jerusalén será ciudad abierta; yo la rodearé como muralla de fuego y mi gloria estará en medio de ella -oráculo del Señor-.»»
«Alégrate y goza, hija de Sion, que yo vengo a habitar dentro de ti -oráculo del Señor-. Aquel día se unirán al Señor muchos pueblos, y serán pueblo mío, y habitaré en medio de ti».
Palabra de Dios
Salmo Responsorial | Lectura Sálmica
Jer 31, 10-13
℟. El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño». ℟
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sion,
afluirán hacia los bienes del Señor. ℟
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. ℟
Evangelio Según San Lucas
(9, 43b – 45)
Lectura del santo según San Lucas
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
«Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
San Pedro Crisólogo, obispo y doctor de la Iglesia (s. V) • La cruz fue mortal para la muerte. Homilía.
Escuchad lo que pide el Señor: «Reconoced en mí vuestro cuerpo, vuestros miembros, vísceras, huesos y sangre» (cf. Lc 24, 39). Y si lo que pertenece a Dios os causa temor, ¿será que no os gusta lo que es vuestro? Tal vez, la enormidad de mi Pasión, de la que sois los autores, ¿os causa vergüenza? No tengáis miedo. Esta cruz no fue mortal para mí, sino para la muerte. Estos clavos no me penetran de dolores, sino de un amor más profundo hacia vosotros. Estas heridas no causan mis gemidos, sino que os permiten entrar más hondo en mi corazón. El acuartelamiento de mi cuerpo os abre los brazos, no aumenta mi tormento. Mi sangre no se ha perdido para mí, ha sido vertida para vuestro rescate (Mc 10, 45).
«Venid, pues, volved a mí y reconoced a vuestro Padre, al ver que os da bien a cambio de mal, amor a cambio de ultrajes y mucha caridad a cambio de grandes heridas.



