EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 19 DE NOVIEMBRE – CICLO C

Primera Lectura 2 Macabeos (7, 1.20-31)
Lectura del libro de Macabeos
El creador del universo os devolverá el aliento y la vida.
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.
Ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre. Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua:
Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el origen de todo. El, con su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley.
Antíoco creyó que la mujer lo despreciaba, y sospechó que lo estaba insultando.
Todavía quedaba el más pequeño, y el rey intentaba persuadirlo; más aún, le juraba que si renegaba de sus tradiciones lo haría rico y feliz, lo tendría por amigo y le daría algún cargo.
Pero como el muchacho no hacía el menor caso, el rey llamó a la madre y le rogaba que aconsejase al chiquillo para su bien.
Tanto le insistió, que la madre accedió a persuadir al hijo: se inclinó hacia él y, riéndose del cruel tirano, habló así en su idioma:
Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo; ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.
Estaba todavía hablando, cuando el muchacho dijo:
¿Qué esperáis? No me someto al decreto real. Yo obedezco los preceptos de la ley dada a nuestros antepasados por medio de Moisés. Pero tú, que has tramado toda clase de crímenes contra los hebreos, no te escaparás de las manos de Dios.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial | Salmo 16, 1.5-6.8ab.15
℟. Al despertar, Señor, me saciaré de tu semblante.
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. ℟
Mis pies, estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío,
inclina el oído y escucha mis palabras. ℟
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. ℟
Evangelio según San Lucas 19, 11-28
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas
¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?
En aquel tiempo, Jesús dijo una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios iba a manifestarse enseguida. Dijo, pues:
«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez siervos suyos y les repartió diez minas de oro, diciéndoles:
«Negociad mientras vuelvo».
Pero sus conciudadanos lo aborrecían y enviaron tras de él una embajada diciendo:
«No queremos que este llegue a reinar sobre nosotros».
Cuando regresó de conseguir el título real, mandó llamar a su presencia a los siervos a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo:
«Señor, tu mina ha producido diez».
Él le dijo:
«Muy bien, siervo bueno; ya que has sido fiel en lo pequeño, recibe el gobierno de diez ciudades».
El segundo llegó y dijo:
«Tu mina, señor, ha rendido cinco».
A ese le dijo también:
«Pues toma tú el mando de cinco ciudades».
El otro llegó y dijo:
«Señor, aquí está tu mina; la he tenido guardada en un pañuelo, porque tenía miedo, pues eres un hombre exigente que retiras lo que no has depositado y siegas lo que no has sembrado».
Él le dijo:
«Por tu boca te juzgo, siervo malo. ¿Conque sabías que soy exigente, que retiro lo que no he depositado y siego lo que no he sembrado? Pues ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses».
Entonces dijo a los presentes:
«Quitadle a este la mina y dádsela al que tiene diez minas».
Le dijeron:
«Señor, ya tiene diez minas».
«Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia»».
Dicho esto, caminaba delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
San Francisco de Sales, obispo (s. XVII) • Ambición espiritual. Sermón. X, 69.
Dios da su gracia a los justos con medida plena y colmada y que rebosa por todas partes, pues la gracia se da, de tal manera, en esta vida, que siempre puede tener aumento su comunicación.
Por eso no se puede decir: Ya basta, ya tengo suficiente gracia, o suficientes virtudes; basta de mortificación, ya la he ejercitado bastante.
Cometería gran error quien dijera semejantes palabras; mostraría así su indigencia y la desgracia que le aflige; pues a esa gente que estima tener ya suficiente, Dios le retirará lo que tiene.
Se dará al que tiene, dice el Señor, y al que no tiene se le quitará. Esto hay que entenderlo así: se dará a aquel que, habiendo recibido mucho y habiendo trabajado mucho, no descansa, sin embargo, pensando que ya no necesita nada más, sino que, con santa y verdadera humildad, reconoce su indigencia. Al que tiene mucho, se le dará más. Pero al que ha recibido alguna gracia y cree tener suficiente, se le quitará lo que tiene y no se le dará nada.
El mundo tiene ambición de adquirir riquezas y honores y jamás dice: ya es bastante. ¡Qué ceguera!, pues a poco que posea tiene bastante, ya que la gloria, los bienes y dignidades demasiados causan la muerte y la pérdida de las almas.
Claro que, en esas cosas, se puede decir: ya tengo suficiente, con esto me contento. Pero en los bienes espirituales, ¡oh! nunca pensemos mientras estamos en este exilio, que ya tenemos bastante, sino que hemos de disponernos continuamente a recibir un aumento de gracia.



