Homilías de los Sacerdotes

HOMILÍA DEL. MONS. GABRIEL ESCOBAR | 1° DIA DE LA NOVENA | BASÍLICA

Mons. Gabriel Escobar dio apertura la Novena de Caacupé con un firme llamado a promover el bien común y escuchar el clamor del pueblo

En un ambiente colmado de fe, esperanza y profunda devoción mariana, el Mons. Gabriel Escobar, obispo del Vicariato Apostólico del Chaco, presidió este viernes el primer día de la Novena a la Virgen de Caacupé en la Basílica que alberga a la Madre espiritual del Paraguay. Ante miles de peregrinos, el prelado invitó al pueblo creyente a iniciar este camino preparatorio hacia el 8 de diciembre con un corazón dispuesto a la conversión, a la solidaridad y al compromiso con el bien común.

El Evangelio de la multiplicación de los panes (Mt 14, 13-21) sirvió de punto de partida para reflexionar sobre la actitud de Jesús ante el sufrimiento humano. “Denles ustedes mismos de comer”, recordó Mons. Escobar, subrayando que el Señor no permite que el pueblo quede abandonado a su suerte, sino que llama a sus discípulos a comprometerse activamente para aliviar las necesidades de los demás.

Un inicio de novena cargado de alegría y sentida devoción

Desde los primeros momentos de la celebración, el obispo expresó la alegría de reencontrarse con la Madre Santísima, a quien llamó “Tupãsy Ka’akupe, Mamá Guasu de todos los paraguayos”. Recordó que los fieles llegan hasta su santuario movidos por plegarias, agradecimientos y súplicas que se elevan desde todos los rincones del país.

Mons. Escobar aprovechó para hacer llegar el saludo y las intenciones de las numerosas comunidades que integran el extenso territorio chaqueño. Mencionó uno a uno a los habitantes de Puerto Pinasco, Colonia Esteban Saldívar, Tupasy Rendá, Ceibo, San Carlos, Puerto Casado, además de los asentamientos indígenas Mascoy y las comunidades de Puerto Sastre, Carmelo Peralta, así como a grupos provenientes de comunidades ayoreas, ishir chamacoco, y tomáraho . Incluso hizo memoria de los fieles de la distante Bahía Negra y de pobladores de áreas con difícil accesibilidad, como Agua Dulce.

Recordó también a los múltiples paraguayos residentes en el extranjero, especialmente en Argentina, Brasil, Estados Unidos y España, anunciando además que en los próximos días visitaría comunidades de connacionales en ciudades como Los Ángeles, Utah, San Diego, Nueva Jersey y Nueva York, llevando con él “el amor de Tupãsy Caacupé”.

El llamado central: promover el bien común para una vida digna

El lema del primer día —“Promover el bien común para una vida digna”— sirvió de guía para un profundo análisis de la realidad nacional. A partir de la experiencia del pueblo de Israel en el desierto y el signo del maná, el obispo explicó que Dios camina siempre con su pueblo, aun en medio de sus dificultades, pero exige una respuesta comprometida, madura y responsable.

Inspirado en la historia de salvación, Mons. Escobar trazó un paralelismo con el Paraguay actual, preguntándose por qué tantos compatriotas acuden año tras año a la Virgen. Señaló que gran parte del descontento social proviene de promesas incumplidas, abandono institucional y decisiones que favorecen a unos pocos mientras la mayoría sufre carencias.

Con claridad pastoral, pero también con firmeza profética, denunció las desigualdades que golpean al ciudadano común:

  • salarios insuficientes y precarización laboral;
  • sistemas de salud en crisis, como el caso denunciado recientemente en el hospital de Loma Pytã;
  • deficiencias graves en el IPS;
  • transporte público ineficiente que roba tiempo y calidad de vida;
  • falta de acceso a la tierra para campesinos e indígenas, mientras otros acceden a bienes del Estado a precios irrisorios;
  • corrupción y lentitud en la administración de justicia;
  • inseguridad en áreas urbanas y rurales;
  • insuficiente inversión en educación.

El obispo insistió en que el dinero del pueblo debe ser usado “para el pueblo”, alertando sobre posibles aumentos de tarifas públicas y exhortando a priorizar la salud, la educación, el trabajo y la seguridad. Llamó a que las autoridades “salgan de sus oficinas” y recorran escuelas, hospitales, caminos y los distintos asentamientos del país, para ver con sus propios ojos la realidad que vive el paraguayo de a pie.

Cristo, verdadero Pan que alimenta el alma

Mons. Escobar también profundizó en el significado espiritual del Evangelio del día. Recordó que, si bien la necesidad material del pan es urgente, existe un alimento aún más indispensable: el Pan de Vida que es Cristo mismo.

Advirtió que muchos se preocupan por el bienestar corporal, pero descuidan el alma. “No sólo de pan vive el hombre”, citó, subrayando la importancia de valorar cada Eucaristía como un encuentro íntimo con el Señor que fortalece, sostiene y transforma. Invitó a todos los paraguayos a dejar que el Señor sacie su hambre interior y a vivir su fe de manera coherente.

Responder a la invitación de Dios: no esperar, sino actuar

El obispo cerró su predicación llamando a la responsabilidad y al compromiso personal. Afirmó que muchas veces el ser humano responsabiliza a Dios por el sufrimiento del mundo, pero olvida que Él ya actuó dándonos la capacidad y la misión de transformar la realidad.

Dios ciertamente ha hecho algo: te ha hecho a ti”, expresó, invitando a cada fiel a convertirse en instrumento de esperanza, justicia y paz.

Finalmente, encomendada a la intercesión de Tupãsy Caacupé, pidió que la Novena ayude a renovar la fe, fortalecer a las familias y construir, con la ayuda de todos, el Reino de Dios en el Paraguay.

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