Evangelio del Día

Evangelio, lecturas y comentario de hoy 30 de noviembre – 1º DOMINGO DE ADVIENTO – CICLO A 

Primera lectura

Is 2, 1-5 • El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios.

Visión de Isaías, hijo de Amos, acerca de Judá y de Jerusalén.

En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sion saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».

Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.

Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

Palabra de Dios

Salmo responsorial

Sal 121, 1-2.4-9 
℟. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. ℟

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. ℟

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. ℟

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». ℟

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien. ℟

Segunda lectura

Rm 13, 11-14 • La salvación está más cerca de nosotros.

Hermanos: Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. 

La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz. 

Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.

Palabra de Dios

Aclamación

• Aleluya, aleluya, aleluya.

Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.

Evangelio

Mt 24, 37-44 • Estad en vela para estar preparados.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé. 

En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. 

Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 

Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 

Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Palabra del Señor

Comentario al Evangelio

San Pascasio Radberto, abad (s. IX) • Sobre el Evangelio de san Mateo. Velad, para estar preparados. Lib. 11, Cap. 24

Velad, porque no sabéis el día ni la hora.Siendo una recomendación que a todos afecta, la expresa como si solamente se refiriera a los hombres de aquel entonces. Es lo que ocurre con muchos otros pasajes que leemos en las Escrituras. Y de tal modo atañe a todos lo así expresado, que a cada uno le llega el último día y para cada cual es el fin del mundo el momento mismo de su muerte. Por eso es necesario que cada uno parta de este mundo tal cual ha de ser juzgado aquel día. En consecuencia, todo hombre debe cuidar de no dejarse seducir ni abandonar la vigilancia, no sea que el día de la venida del Señor lo encuentre desprevenido.

Y aquel día encontrará desprevenido a quien hallare desprevenido el último día de su vida. Pienso que los apóstoles estaban convencidos de que el Señor no iba a presentarse en sus días para el juicio final; y sin embargo, ¿quién dudará de que ellos cuidaron de no dejarse seducir, de que no abandonaron la vigilancia y de que observaron todo lo que a todos fue recomendado, para que el Señor los hallara preparados? Por esta razón, debemos tener siempre presente una doble venida de Cristo: una, cuando aparezca de nuevo y hayamos de dar cuenta de todos nuestros actos; otra diaria, cuando a todas horas visita nuestras conciencias y viene a nosotros, para que cuando viniere, nos encuentre preparados.

¿De qué me sirve, en efecto, conocer el día del juicio si soy consciente de mis muchos pecados?, ¿conocer si viene o cuándo viene el Señor, si antes no viniere a mi alma y retornare a mi espíritu?, ¿si antes no vive Cristo en mí y me habla? Sólo entonces será su venida un bien para mí, si primero Cristo vive en mí y yo vivo en Cristo. Y sólo entonces vendrá a mí, como en una segunda venida, cuando, muerto para el mundo, pueda en cierto modo hacer mía aquella expresión: El mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo.

Considera asimismo estas palabras de Cristo: Porque muchos vendrán usando mi nombre. Sólo el anticristo y sus secuaces se arrogan falsamente el nombre de Cristo, pero sin las obras de Cristo, sin sus palabras de verdad, sin su sabiduría. En ninguna parte de la Escritura hallarás que el Señor haya usado esta expresión y haya dicho: Yo soy el Cristo. Le bastaba mostrar con su doctrina y sus milagros lo que era realmente, pues las obras del Padre que realizaba, la doctrina que enseñaba y su poder gritaban: Yo soy el Cristo con más eficacia que si mil voces lo pregonaran. Cristo, que yo sepa, jamás se atribuyó verbalmente este título: lo hizo realizando las obras del Padre y enseñando la ley del amor. En cambio, los falsos cristos, careciendo de esta ley del amor, proclamaban de palabra ser lo que no eran.

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