Homilías de los Sacerdotes

Homilía del P. Emilio González | 3° Día de la Novena a la Virgen de Caacupé

El P. Emilio González exhorta a construir una sociedad justa desde la fe y la responsabilidad cristiana

En una tarde marcada por la devoción, el fervor popular y la presencia multitudinaria de peregrinos en la explanada de Futurista, se llevó a cabo el tercer día de la Novena a la Virgen de Caacupé, cuya Santa Misa fue presidida por el Rvdo. Padre Emilio González. La celebración, dedicada de manera especial a la ciudad de Pedro Juan Caballero en su 126° aniversario, estuvo centrada en el tema pastoral: “Garantizar tierra, techo y trabajo”, una realidad que el sacerdote iluminó con fuerza profética y profunda sensibilidad social.

Una fe que sorprende a Jesús: el punto de partida de la homilía

El Evangelio proclamado narró el encuentro entre Jesús y el centurión de Cafarnaúm. El Padre Emilio subrayó la humildad y grandeza de aquel hombre que, reconociendo su indignidad, creyó firmemente en el poder sanador de la Palabra de Cristo.
Señor, no soy digno de que entres en mi casa”, recordó el sacerdote, explicando que esta fe sorprendente abrió el corazón de Jesús y reveló que la verdadera pertenencia al Reino no depende del origen, sino de la confianza absoluta en Dios.

El P. Emilio orienta y corrige: poner orden para que todos puedan ver a Cristo

Antes de iniciar su reflexión, el celebrante pidió a los servidores ubicarse a los costados para no bloquear la visibilidad del altar. Señaló que nada debe interponerse entre el pueblo y el misterio que se celebra, un gesto que además simbolizó su llamado a recuperar la centralidad de Dios en la vida comunitaria.

Pedro Juan Caballero: ciudad amada que necesita ser cuidada

Al recordar el aniversario de Pedro Juan Caballero, invitó a los fieles a colocar en el altar todo lo que la ciudad es y vive: su cultura, su gente, sus bondades y también sus sombras. Agradeció a Dios por la tierra que los vio nacer, pero afirmó con firmeza que muchas realidades deben ser transformadas, y que ese cambio debe comenzar por los cristianos.

Los cristianos somos los primeros que debemos hacer presente al Dios misericordioso en medio de nuestra ciudad”, expresó.

Tierra, techo y trabajo: derechos humanos que nacen de la dignidad otorgada por Dios

El sacerdote explicó que Jesús mismo, al encarnarse en una familia, tuvo techo, hogar y trabajo. Aprendió el oficio de José, vivió en una comunidad agrícola y supo el valor del esfuerzo humano.

Por eso —dijo— el clamor por tierra, techo y trabajo no es político ni ideológico:
es profundamente evangélico, porque son condiciones que dignifican a la persona.

Sin hogar, el ser humano no descansa; sin tierra, no puede construir ni sostener su cultura; sin trabajo, pierde la posibilidad de crecer integralmente. El P. Emilio denunció que, en muchas ciudades, especialmente en Pedro Juan Caballero, acceder a una vivienda se ha vuelto extremadamente difícil debido al sobreprecio de los terrenos y materiales.

Al final, el pobre se vuelve más pobre.

Un fuerte llamado a la justicia: precios justos, trato digno y responsabilidad cristiana

El sacerdote habló con claridad profética. Exhortó a quienes venden propiedades a no aprovecharse de la necesidad del pobre, y pidió que tanto compradores como vendedores actúen con rectitud.

“Si vos sos cristiano y te aprovechás de un hermano en necesidad, estás pecando.”

Con la misma fuerza, llamó a los empleadores a pagar salarios justos, respetar las leyes laborales y aportar al IPS cuando corresponde. Recordó que el bien o el mal realizado no queda impune ante Dios.

Dios te quitará lo malo, pero lo bueno que hiciste se irá contigo al cielo.

Solidaridad concreta: apadrinar familias, ayudar a construir, ser fermento en la sociedad

Invitó a los fieles que tengan recursos a apadrinar familias vulnerables, ayudándolas a levantar una vivienda digna, aunque sea pequeña, para que no sigan viviendo bajo paredes de terciada o techos de cartón.
No hace falta construir mansiones, basta ofrecer un espacio seguro donde el hermano pueda dormir sin miedo.

También animó a ingenieros, abogados, profesionales y autoridades a diseñar proyectos que faciliten el acceso a la tierra y el desarrollo de los campesinos, recordando que toda la ciudad depende de lo que ellos producen.

Una crítica valiente: justicia para trabajadores y control a grandes comercios

El P. Emilio no esquivó temas sensibles. Pidió a las autoridades presentes “apretar más la tuerca” con los grandes comercios que explotan o maltratan empleados, especialmente aquellos que no pagan IPS ni respetan derechos básicos.

Si nos llamamos cristianos, debemos iniciar las buenas acciones.

Justicia y misericordia: dos caminos que se necesitan mutuamente

El sacerdote vinculó su mensaje al Evangelio, recordando que Jesús fue justo, misericordioso y nunca pisoteó a nadie. Invitó a imitarlo en la vida diaria:
a rezar por patrones difíciles, a mostrar amor donde hay hostilidad, y a pedir que Dios convierta los corazones de piedra en corazones de carne.

Formar hijos que transformen la nación

En uno de los momentos más emotivos, pidió a los padres invertir en la educación y formación moral de sus hijos, porque de ellos puede surgir el líder honesto que el país necesita.

Quizá tu hijo, tu nieto o tu sobrino será quien cambie esta sociedad.

Exhortó a enseñar valores éticos, morales y cristianos, para que las nuevas generaciones puedan cortar la cadena de corrupción e injusticia que hiere al Paraguay.

Bajo el amparo de la Virgen Azul: construir una sociedad nueva

Al concluir, el P. Emilio invitó a pedir la intercesión de la Virgencita Azul de Caacupé, para que los cristianos sean los primeros constructores de la justicia en la sociedad.

La justicia de Dios debe comenzar por nosotros.
Que María nos ayude a ser buenos cristianos y a construir la sociedad nueva que Dios sueña para nosotros.

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