“CRITICAN AL OBISPO POR SU ORATORIA EN UN CANAL TELEVISIVO, COMUNICADORES CATÓLICOS RESPONDEN CON FIRMEZA Y RESPETO”

En primer lugar, es necesario recordar que, en la Iglesia, la fe no se sostiene en emociones pasajeras ni en espectáculos mediáticos. El anuncio del Evangelio se fundamenta en la verdad, la caridad y la fidelidad a Cristo, y no en recursos destinados a llamar la atención o generar sensaciones momentáneas. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “la misión de los pastores es enseñar con autoridad el Evangelio y conducir al Pueblo de Dios con humildad y firmeza” (cf. CEC 888–890).
A raíz de los recientes comentarios emitidos por periodistas de un Canal Televisivo acerca del Obispo Pedro Collar —calificando su estilo de comunicación como “aburrido” y sugiriendo que debería hablar “con más fuerza”— es importante recordar que la figura del obispo merece un profundo respeto. El Catecismo señala que los fieles están llamados a mantener hacia sus pastores “una actitud de respeto, caridad y cooperación” (CIC 871–873), pues ellos han recibido la tarea de transmitir íntegramente la fe.
La crítica que desvaloriza, ridiculiza o banaliza el ministerio episcopal no solo empobrece el diálogo público, sino que siembra división donde debería haber construcción. La Iglesia invita a los comunicadores a ser artesanos de la verdad y promotores de la paz. En este sentido, resuena con fuerza el mensaje del Papa León XIII —y posteriormente reafirmado por otros pontífices— dirigido a los comunicadores:
“No usen la palabra para enfrentar a los hombres, sino para edificarlos; no para dividir, sino para unir; no para herir, sino para iluminar.”
Este llamado adquiere una actualidad aún mayor con las palabras del Papa León XIV, quien en su mensaje a los comunicadores destacó:
“El comunicador cristiano no está llamado a amplificar escándalos, sino a llevar la serenidad del Evangelio; no a juzgar desde la superficie, sino a mirar con profundidad; no a convertir la palabra en arma, sino en puente que sane, reconcilie y humanice.”
Estas palabras recuerdan la misión esencial de quienes trabajan con la información: elevar el diálogo y nunca rebajarlo al terreno del agravio o la burla.
Este mensaje cobra mayor relevancia cuando observamos cómo la comunicación ha evolucionado desde los primeros libros hasta la era digital y la inteligencia artificial, transformando profundamente la manera en que las personas se informan y se relacionan. Ante estos cambios, los Sucesores del Pontífice Romano, han coincidido en que comunicar siempre es un acto de responsabilidad moral, porque implica buscar la verdad y promover el entendimiento entre las personas.
- Papa Juan XXIII afirmó que toda persona tiene derecho a una información objetiva.
- Papa Pablo VI destacó que los medios, por su gran alcance, requieren un especial cuidado moral.
- Papa Juan Pablo I señaló que la comunicación debe conducir a una auténtica comunión humana.
- Papa Juan Pablo II recordó que informar exige un compromiso serio con la verdad.
- Papa Benedicto XVI subrayó la necesidad de ser testigos auténticos en los nuevos lenguajes digitales.
- Papa Francisco insiste en que comunicar no es vencer ni oponerse, sino dialogar, rechazando el odio, las noticias falsas y la lógica de la guerra.
A la luz de estas enseñanzas, pedimos oración por los comunicadores que han emitido expresiones despectivas hacia un obispo. Que su labor se convierta en instrumento de entendimiento y no de confrontación. Que sepan valorar el mensaje de Cristo, que no necesita artificios emocionales para tocar el corazón, y que no caigan en la tentación de generar polémica únicamente para captar atención.
A los fieles, nos corresponde también examinar nuestras propias actitudes, recordando que el Evangelio se anuncia con serenidad, respeto y verdad. La Iglesia no busca competir con discursos sensacionalistas ni con modelos provenientes de otras comunidades religiosas que apelan exclusivamente a la emoción. El mensaje cristiano posee la fuerza de la cruz, que habla por sí sola, sin necesidad de adornos ni teatralidad.
Elevamos nuestra oración para que todos —comunicadores, fieles y pastores— podamos ser puentes de paz, testigos de la verdad y servidores de la unidad, reconociendo siempre la dignidad de quienes, como los obispos, han sido llamados a guiar al Pueblo de Dios.



