Mons. Vincenzo Turturro exhortó a vivir la fe con libertad, fidelidad a Dios y compromiso solidario bajo la mirada de la Virgen del Paso

En el marco del Novenario en Honor a la Virgen del Paso, la comunidad de Itapé vivió una jornada de profunda fe y reflexión con la celebración de la Santa Eucaristía presidida por el Nuncio Apostólico en Paraguay, Mons. Vincenzo Turturro. La celebración reunió no solo a los fieles de la localidad, sino también a representantes del clero y a numerosos peregrinos de la diócesis de Villarrica y de distintos puntos del país, reafirmando el carácter nacional de la devoción mariana que distingue a este santuario.
Desde el inicio de su homilía, el representante pontificio expresó su alegría por compartir la Eucaristía con el pueblo de Dios en un día especialmente significativo, marcado por la devoción a la patrona local y por la esperanza que suscita la construcción del nuevo templo dedicado a la Virgen del Paso. En un lenguaje cercano y profundamente simbólico, Mons. Turturro destacó que la celebración se desarrollaba en un “templo aún más hermoso”, formado por los árboles como pilares y el cielo como bóveda, signo elocuente de la presencia de Dios que “obra maravillas” en medio de su pueblo.
El Nuncio Apostólico dirigió un saludo especial al obispo de Villarrica, Mons. Miguel Ángel Cabello, agradeciendo su permanente apertura pastoral y su espíritu de comunión eclesial. Asimismo, manifestó su reconocimiento al rector del santuario, el padre Rodolfo, por la hospitalidad brindada, y saludó con afecto a obispos eméritos presentes en la celebración, destacando su testimonio de amor y fidelidad a la Virgen María. Este clima de fraternidad episcopal y sacerdotal dio el marco adecuado para vivir la fiesta mariana con un corazón dispuesto y agradecido.
En su reflexión histórica y pastoral, Mons. Turturro evocó un hecho significativo ocurrido en 1954, cuando la imagen de la Virgen de Caacupé permaneció en Itapé durante varios días. Recordó que, según las crónicas de la época, nadie quería que la imagen regresara a su santuario original, y subrayó que, más de setenta años después, la providencia de Dios permite constatar que María ha querido quedarse definitivamente en este lugar, acompañando y protegiendo a su pueblo. Para el Nuncio, este hecho constituye un verdadero signo del amor materno de la Virgen, que eligió permanecer en este rincón del Paraguay.
En nombre del Santo Padre, Mons. Turturro transmitió a los fieles el saludo de paz y la bendición del Papa León XIV, invitando a todos a vivir, bajo la guía de la Virgen del Paso, como peregrinos de esperanza en el marco del Jubileo 2025. Recordó que este Año Jubilar, iniciado por voluntad del Papa Francisco, se encuentra ya en su tramo final y constituye un tiempo de gracia que culminará con el cierre de la Puerta Santa en la solemnidad de la Epifanía. En este contexto, exhortó a intensificar la preparación espiritual para la Navidad, destacando que esta celebración no se reduce a una conmemoración externa, sino que implica acoger aquí y ahora la gracia salvadora que el Verbo de Dios trajo al asumir la naturaleza humana.
Al profundizar en la Palabra de Dios, el Nuncio se detuvo en la primera lectura, que presenta la bendición de Jacob a sus hijos. Explicó que esta bendición no solo es un gesto tradicional, sino un verdadero sello de la alianza con Dios y una invitación a mirar el futuro con fidelidad y esperanza. En este sentido, animó a las familias a conservar la práctica de pedir la bendición a los padres, como expresión concreta del reconocimiento del primado de Dios en la vida cotidiana y de la identidad cristiana profundamente arraigada en el pueblo paraguayo.
Mons. Turturro advirtió que la bendición pierde su sentido cuando no se traduce en una vida coherente con el Evangelio. Interpeló con firmeza sobre la contradicción entre invocar la bendición de Dios y, al mismo tiempo, tolerar prácticas de corrupción, injusticia o deshonestidad. Presentó a la Virgen María como modelo perfecto de fidelidad absoluta a la voluntad divina, recordando su disponibilidad total expresada en el “Hágase en mí según tu palabra”, actitud que todo cristiano está llamado a imitar.
En relación con el lema del último día del novenario, “Fomentar una economía humanista y solidaria”, el Nuncio Apostólico ofreció una profunda reflexión sobre el uso de los bienes materiales. Señaló que el cristiano no puede poner su confianza en el dinero ni en los poderes humanos, sino que debe utilizar los bienes de este mundo como medios al servicio del plan de salvación de Dios. Alertó sobre la tentación de la acumulación desmedida de riquezas, que conduce a la insatisfacción permanente y al abuso de poder sobre los demás, advirtiendo que ni siquiera la Iglesia está exenta de este riesgo. En este contexto, llamó a vivir con las “manos libres”, en la auténtica libertad evangélica y en la parresía que permite anunciar sin temor la verdad que es Cristo.
Al comentar el Evangelio según San Mateo, Mons. Turturro profundizó en el significado teológico de la genealogía de Jesús. Lejos de ser una simple lista de nombres, explicó que este pasaje revela la fidelidad de Dios a sus promesas, incluso a través de historias marcadas por el pecado y la fragilidad humana. Subrayó que la historia de cada persona puede transformarse en historia de salvación cuando se deja habitar por la gracia de Dios, recordando que todos son pecadores, pero todos son también destinatarios de la misericordia divina.
Con énfasis pastoral, afirmó que Dios no solo actúa en la historia, sino que quiere la colaboración libre del ser humano, aun desde su pequeñez y limitaciones. Esta llamada universal a colaborar con el plan de salvación ilumina el verdadero sentido de una economía humanista y solidaria, que pone en el centro la dignidad de la persona y el bien común.
Finalmente, el Nuncio Apostólico exhortó a los fieles a ser testigos creíbles de la salvación ya realizada por Cristo, evitando la queja constante, el juicio fácil y la indiferencia frente al sufrimiento ajeno. Inspirándose en una anécdota del Papa Francisco, recordó que el cristiano está llamado a comunicar esperanza, a comprometerse activamente por el bien común y a promover una cultura del encuentro y del diálogo. Encomendó a toda la comunidad de Itapé a la protección maternal de la Virgen del Paso, pidiendo que el Verbo hecho carne conceda a todos la luz y la paz anunciadas por los ángeles en Belén.
Con esta celebración, el pueblo fiel renovó su compromiso de caminar con María, viviendo una fe encarnada, solidaria y profundamente evangélica, en espera gozosa del nacimiento del Salvador.



