La Santa Sede

El cierre de la Puerta Santa en Santa María la Mayor invita a vivir la esperanza con obras concretas

Tras el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor, el cardenal Rolandas Makrickas exhortó a los fieles a traducir la esperanza jubilar en oración, caridad y perdón, como signos visibles de una Iglesia cercana y misericordiosa.

Un gesto jubilar que enmarca el Año Santo de la Esperanza

La solemne clausura de la Puerta Santa de la Basílica Papal de Santa María la Mayor se inscribe en el camino del Jubileo 2025, dedicado al tema de la esperanza, convocado por el Papa como un tiempo de gracia, conversión y renovación espiritual para toda la Iglesia.
La apertura de las Puertas Santas, realizada al inicio del Año Santo en las principales basílicas papales de Roma, simbolizó el paso hacia Cristo, puerta de salvación, e invitó a los peregrinos a emprender un camino interior de reconciliación y fe.

Del signo litúrgico a la vida cotidiana

Durante el rito de clausura, el cardenal arcipreste Rolandas Makrickas recordó que el cierre de la Puerta Santa no significa el fin de la experiencia jubilar, sino el comienzo de una etapa más profunda: llevar lo vivido a la vida diaria.
“El Jubileo —subrayó— nos ha enseñado a abrir el corazón a la escucha de la Palabra de Dios, a la acogida del prójimo y al perdón, caminos concretos para custodiar la esperanza recibida”.

Una esperanza que se hace oración y caridad

El purpurado insistió en que la esperanza cristiana no es abstracta ni pasiva, sino una luz que se traduce en gestos concretos, especialmente en la oración perseverante y en la atención a los pobres y descartados.
En este sentido, animó a las comunidades a ser una Iglesia “con el Evangelio en las manos y el hermano en el corazón”, capaz de reflejar en el mundo la misericordia experimentada durante el Año Santo.

Santa María la Mayor, madre que acompaña el camino

La basílica liberiana, profundamente vinculada a la devoción mariana del pueblo cristiano, se convirtió durante el Jubileo en un lugar privilegiado de peregrinación, silencio y reconciliación. Bajo la mirada de la Virgen María, Madre de la Esperanza, miles de fieles encontraron consuelo y renovación espiritual.

Un llamado que permanece abierto

Aunque la Puerta Santa se ha cerrado, el mensaje del Jubileo continúa vigente: vivir la esperanza como testimonio, abrir puertas en el corazón y en la sociedad, y caminar como Iglesia samaritana, cercana a las heridas del mundo.
Así, el cierre del signo externo se transforma en una invitación permanente a mantener abiertas las puertas de la fe, del perdón y del amor fraterno.

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