El Cardenal Adalberto Martínez Flores participó en la Clausura del Año Jubilar 2025 en la Basílica de San Pedro

Ciudad del Vaticano | Paraguay
En la mañana de hoy, el Cardenal Adalberto Martínez Flores, Arzobispo Metropolitano de Asunción, participó solemnemente en la clausura del Año Jubilar 2025, durante el rito de cierre de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, en Roma. La ceremonia fue presidida por el Papa León XIV y congregó a numerosos cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y fieles de diversos países.
El Arzobispo de Asunción estuvo acompañado por varios purpurados latinoamericanos, entre ellos el Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá, y el Cardenal Rubén Salazar Gómez, Arzobispo Emérito de la misma sede. También participó el presbítero Aldo Bernal, sumándose a la celebración eucarística que marcó oficialmente la conclusión del Año Santo.
La clausura de la Puerta Santa: signo de gracia y envío misionero

El rito de cierre de la Puerta Santa constituye uno de los momentos más significativos del Jubileo, al señalar el término de un tiempo especial de gracia, indulgencia y renovación espiritual otorgado a toda la Iglesia. Durante el Año Santo, millones de peregrinos atravesaron este umbral en Roma y en las catedrales jubilares del mundo entero, expresando su deseo de conversión, reconciliación y encuentro profundo con la misericordia de Dios.
Con el gesto litúrgico de sellar la Puerta Santa, la Iglesia no concluye una experiencia, sino que abre un compromiso renovado: el de hacer que la esperanza —tema central del Jubileo— continúe encarnándose en la vida cotidiana de los cristianos, en sus comunidades y en la sociedad.
Un llamado a vivir la esperanza en lo concreto
La participación del Cardenal Adalberto Martínez Flores en esta celebración subraya la comunión de la Iglesia en Paraguay con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro. El cierre del Año Jubilar deja a los pastores y fieles la misión de prolongar los frutos espirituales de este tiempo de gracia, traduciendo la esperanza cristiana en gestos visibles de caridad, justicia, servicio pastoral y cercanía a los más necesitados.
Al concluir la celebración, resonó con fuerza el mensaje del Jubileo: una Iglesia que camina en comunión, fortalecida por la gracia recibida, y enviada al mundo para testimoniar la esperanza que nace del Evangelio.



