EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 28 DE NOVIEMBRE – CICLO C

Primera lectura
Lectura del libro de Daniel
Daniel 7, 2-14
Vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre.
Tuve una visión nocturna: Los cuatro vientos del cielo agitaban el océano. Cuatro fieras gigantescas salieron del mar, las cuatro distintas.
La primera era como un león con alas de águila; la estaba mirando, cuando le arrancaron las alas, la alzaron del suelo, la pusieron de pie como un hombre y le dieron una mente humana.
La segunda era como un oso medio erguido, con tres costillas en la boca, entre los dientes. Le dijeron: «¡Arriba! Come carne en abundancia».
Después vi otra fiera como un leopardo, con cuatro alas de ave en el lomo y cuatro cabezas. Y le dieron el poder.
Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba; y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. Miré atentamente los cuernos, y vi que entre ellos salía otro cuerno pequeño; para hacerle sitio, arrancaron tres de los cuernos precedentes. Aquel cuerno tenía ojos humanos, y una boca que profería insolencias.
Durante la visión miré y vi que colocaban unos tronos.
Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él.
Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes.
Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo seguí mirando, atraído por las insolencias que profería aquel cuerno; hasta que mataron a la fiera, la descuartizaron y la echaron al fuego. A las otras fieras les quitaron el poder, dejándolas vivas una temporada. Seguí mirando. Y en mi visión nocturna vi venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él se le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará.
Palabra de Dios
Salmo responsorial
Lectura Sálmica
Dn 3, 75-81
℟. Ensalzadlo con himnos por los siglos.
Montes y cumbres:
bendecid al Señor. ℟
Cuanto germina en la tierra:
bendiga al Señor. ℟
Manantiales:
bendecid al Señor. ℟
Mares y ríos:
bendecid al Señor. ℟
Cetáceos y peces:
bendecid al Señor. ℟
Aves del cielo:
bendecid al Señor. ℟
Fieras y ganados:
bendecid al Señor. ℟
Evangelio Según San Lucas
21, 29-33
Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola:
«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano.
Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
Mons. José Ignacio Munilla, Obispo de Orihuela-Alicante (s. XXI) • Homilía del viernes 34 del Tiempo Ordinario. 2023
Está próximo a concluir el año litúrgico. Comenzará este fin de semana el tiempo de Adviento, y en estos últimos evangelios —en concreto, en el evangelio de este viernes— se habla de esos signos apocalípticos del fin de los tiempos. Escuchamos lo siguiente:
“En verdad os digo: no pasará esta generación sin que todo suceda.”
¿Qué significa esta expresión? Da la impresión de que es un error, un error que cometió el evangelista San Lucas. Él pensaba que el fin de los tiempos iba a acontecer antes de que esa generación terminase. Pensaban que el retorno de Jesucristo en gloria, que la parusía, era inminente. Algunos parece que así lo pensaron; de hecho, dejaron de trabajar, y por eso el apóstol dice: “El que no trabaje, que no coma”.
Sin embargo, creo que San Lucas quería decir otra cosa. No olvidemos que la Palabra de Dios está inspirada por el Espíritu Santo y no comete error. Por tanto, cuando dice “no pasará esta generación sin que todo suceda”, tenemos que entender que ese anuncio del fin de los tiempos tiene una doble dimensión.
Una es la dimensión de la parusía final, cuando el mundo termine y Cristo retorne en gloria. Pero hay también otra dimensión, que es la dimensión personal, en la que cada uno de nosotros vive ese fin de los tiempos con nuestra propia vida. Para nosotros, el fin de nuestra vida es también el fin de los tiempos. Al fin y al cabo, el juicio particular con el que somos examinados de nuestra vida en nuestra muerte coincidirá, obviamente, con el juicio final en el retorno de Jesucristo.
La única diferencia será que en el juicio final nuestro cuerpo habrá resucitado y se habrá unido al alma para recibir ese mismo juicio que recibió en el momento de su muerte: sea de salvación, sea de condenación, o sea de necesidad de purificación.
Por eso escuchamos en el evangelio: “No pasará esta generación sin que todo esto suceda.” El final de los tiempos para cada uno de nosotros está más cerca de lo que pensamos. Estamos llamados a descubrir esos signos que nos hablan de la inminencia de nuestro encuentro con el Señor y a vivir en su presencia.
La mejor manera de preparar nuestro momento final es vivir el día a día, nuestra vida ordinaria, en la presencia de Dios.



