PAPA LEÓN XIV: ÁNGELUS

La alegría que da sabor al mundo y la luz que sana las heridas
En el rezo del Ángelus, el Santo Padre invitó a redescubrir la verdadera alegría del Evangelio, que transforma la vida personal y social, y expresó su cercanía a los pueblos que sufren violencia, trata de personas y desastres naturales.
La sal y la luz que nacen del Evangelio
Desde la Plaza de San Pedro, este domingo 8 de febrero de 2026, el papa León XIV meditó sobre el pasaje evangélico de las Bienaventuranzas y las palabras de Jesús: «Ustedes son la sal de la tierra… ustedes son la luz del mundo» (Mt 5,13-14). El Pontífice explicó que la verdadera alegría cristiana es la que “da sabor a la vida” y hace surgir lo nuevo, brotando de un estilo de vida inspirado en la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la sed de justicia y la misericordia.
El Papa subrayó que, tras el encuentro con Cristo, todo lo que se aleja de su sencillez y de su amor silencioso pierde sabor y sentido. Esa alegría, afirmó, no es superficial, sino profundamente transformadora, capaz de iluminar incluso las heridas más dolorosas del corazón humano.
Gestos concretos que encienden la luz
Refiriéndose al profeta Isaías, el Santo Padre recordó que la luz del creyente se manifiesta en gestos concretos de justicia y caridad: compartir el pan con el hambriento, acoger al pobre, vestir al desnudo y no desentenderse del prójimo. “Entonces —dice la Escritura— despuntará tu luz como la aurora”, una imagen que el Papa vinculó a la sanación interior que nace de vivir las Bienaventuranzas.
León XIV advirtió que perder la alegría equivale a perder el sabor de la vida, una experiencia que hace sentir a muchas personas descartadas o fracasadas. Frente a ello, proclamó con firmeza que Dios nunca descarta a nadie: cada herida puede sanar cuando se acoge la Palabra y se regresa al camino del Evangelio.
La vida entregada, sin exhibiciones
El Papa destacó que los gestos sencillos de apertura y atención al otro son los que reavivan la alegría auténtica. Recordó también la tentación de Jesús en el desierto, cuando rechazó caminos de poder y exhibición para permanecer fiel al amor humilde y entregado, el mismo que se renueva cada domingo en la fracción del Pan.
Invitó a los fieles a dejarse alimentar e iluminar por la comunión con Cristo para convertirse, sin protagonismos, en una “ciudad en lo alto del monte”: visible, acogedora y atrayente, imagen de la ciudad de Dios donde todos desean encontrar la paz. Finalmente, confió este camino a la intercesión de María, Puerta del Cielo.
Beatificación, dolor y solidaridad tras el rezo del Ángelus
En los saludos posteriores, el Papa recordó con gratitud la beatificación de don Salvador Valera Parra en Huércal-Overa (España), destacando su ejemplo de sacerdote humilde y entregado a su pueblo. Expresó también su profundo dolor por los ataques violentos contra comunidades en Nigeria, asegurando su oración por las víctimas y alentando a las autoridades a proteger la vida humana.
Con motivo de la memoria de santa Josefina Bakhita, León XIV recordó la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, agradeciendo a quienes luchan contra las nuevas formas de esclavitud y proclamando con fuerza: “¡La paz comienza con la dignidad!”.
Asimismo, manifestó su cercanía a las poblaciones afectadas por inundaciones y derrumbes en Portugal, Marruecos, España y el sur de Italia, alentando a la solidaridad bajo la protección maternal de la Virgen María.
Un llamado final a la paz y la fraternidad
Antes de despedirse, el Santo Padre saludó a los peregrinos de diversos países y renovó su llamado a rezar por la paz, advirtiendo que las estrategias del poder económico y militar no construyen el futuro de la humanidad. “El futuro —acentuó— está en el respeto y en la fraternidad entre los pueblos”.
Con este mensaje, el Papa León XIV deseó a todos un feliz domingo, invitando a vivir la fe como sal que da sabor y luz que ilumina al mundo.
