La Santa Sede

El Papa León XIV anima al presbiterio de Madrid a vivir un sacerdocio centrado en Cristo y la fraternidad

En una carta enviada con motivo de la Asamblea Presbiteral “Convivium”, el Santo Padre exhorta a los sacerdotes a leer con discernimiento el tiempo presente y a renovar su ministerio desde la Eucaristía, la comunión y la fidelidad al Evangelio.

Una palabra de cercanía y aliento pastoral

El Santo Padre León XIV dirigió una carta al presbiterio de la Arquidiócesis de Madrid con motivo de la Asamblea Presbiteral Convivium, celebrada los días 9 y 10 de febrero de 2026. En el mensaje, fechado el 28 de enero, el Papa expresó su cercanía espiritual y agradeció a los sacerdotes su disponibilidad para reunirse no solo con fines organizativos, sino como auténtico ejercicio de comunión y fraternidad presbiteral.

El Pontífice valoró especialmente la entrega silenciosa de tantos presbíteros que ejercen su ministerio en contextos diversos, muchas veces marcados por el cansancio y la complejidad pastoral, y deseó que el encuentro fuera ocasión de escucha sincera y apertura a la acción del Espíritu Santo.

Discernir el presente sin caer en el desaliento

En su reflexión, León XIV invitó a los sacerdotes a detenerse en una lectura serena y profunda del tiempo actual, evitando tanto la improvisación como la gestión meramente urgente de los desafíos. Señaló la importancia de educar la mirada espiritual para reconocer lo que Dios ya está obrando, incluso de manera discreta, en la vida de la Iglesia y de las comunidades.

El Papa aludió al contexto cultural marcado por la secularización, la polarización y la pérdida de referencias comunes, advirtiendo que el anuncio del Evangelio ya no puede darse por supuesto. Sin embargo, subrayó que este escenario no debe interpretarse solo en clave negativa.

Una nueva búsqueda que abre caminos al Evangelio

Lejos del pesimismo, el Santo Padre destacó que en el corazón de muchas personas, especialmente de los jóvenes, está surgiendo una nueva inquietud espiritual. El vacío dejado por una libertad desvinculada de la verdad y por un progreso puramente material está despertando una búsqueda más auténtica del sentido de la vida.

En este contexto, afirmó que el sacerdote está llamado no al repliegue, sino a una presencia fiel y disponible, confiando en que la iniciativa es siempre de Dios, que precede y acompaña con su gracia.

Sacerdotes configurados con Cristo, no definidos por el activismo

El Papa delineó el perfil del sacerdocio que necesita Madrid —y la Iglesia universal— en este tiempo: no hombres absorbidos por la multiplicación de tareas o la presión de los resultados, sino presbíteros profundamente configurados con Cristo, sostenidos por una relación viva con Él y una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí.

Reafirmó que no se trata de redefinir la identidad sacerdotal, sino de volver a su núcleo esencial: ser alter Christus, viviendo el ministerio desde la intimidad con Dios, la fidelidad a la Iglesia y el servicio concreto al Pueblo de Dios.

La catedral como imagen del ministerio sacerdotal

En uno de los pasajes centrales de la carta, León XIV utilizó la imagen de la catedral para ilustrar la vida y misión del sacerdote. Desde la fachada que invita sin exhibirse, hasta el altar y el sagrario como centro de toda la vida eclesial, el Pontífice fue desgranando enseñanzas sobre la visibilidad del testimonio, la vivencia de los consejos evangélicos, la fraternidad presbiteral y la fidelidad a la Tradición apostólica.

Subrayó también la centralidad de los sacramentos, recordando que el sacerdote es cauce de la gracia y, al mismo tiempo, necesitado de la misericordia que anuncia, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación.

Una llamada final a la santidad y a la unidad

Al concluir su mensaje, el Santo Padre recordó las palabras de san Juan de Ávila: «Sed vosotros todo suyo», exhortando a los sacerdotes a la santidad como fundamento de toda fecundidad pastoral. Encomendó al presbiterio madrileño a la intercesión de Santa María de la Almudena y extendió su Bendición Apostólica a los sacerdotes y a las comunidades confiadas a su cuidado.

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