EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL 13 DE FEBRERO

5ª SEMANA DEL T. ORDINARIO
Primera Lectura 1 R 11,29-32;12,19
• Israel se rebeló contra la casa de David
En cierta ocasión, Jeroboám, que estaba al servicio del rey Salomón, salió de Jerusalén y lo encontró en el camino el profeta Ajías, de Silo; éste iba cubierto con un manto nuevo, y los dos estaban solos en el campo. Ajías tomó el manto que llevaba encima y lo desgarró en doce pedazos. Luego dijo a Jeroboám: «Toma para ti diez pedazos, porque así habla el Señor, el Dios de Israel: Yo voy a desgarrar el reino que Salomón tiene en su mano, y te daré las diez tribus. Una sola tribu será para él, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la ciudad que yo elegi entre todas las tribus de Israel». Fue así como Israel se rebeló contra la casa de David hasta el día de hoy.
Palabra de Dios.
Salmo Responsorial | 80, 10-11.12-15
R. ¡Escuchemos la voz del Señor!
No tendrás ningún Dios extraño, no adorarás a ningún dios extranjero: Yo, el Señor, soy tu Dios, que te hice subir de la tierra de Egipto. R.
Pero mi pueblo no escuchó mi voz, Israel no me quiso obedecer: por eso los entregué a su obstinación, para que se dejaran llevar por sus caprichos. R.
¡Ojalá mi pueblo me escuchara, e Israel siguiera mis caminos! Yo sometería a sus adversarios en un instante, y volvería mi mano contra sus opresores. R.
Evangelio del día
Lectura del Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 7,31-37
Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Abrete». Y en seguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Palabra del Señor.
Comentario al Evangelio
San Francisco de Sales, obispo (s. XVI) • Las tres cualidades de la fe. Sermón X, 224
La fe, para ser grande, ha de tener tres cualidades: Ha de ser confiada, perseverante y humilde.«Señor, —dice la mujer—, ten piedad de mí porque mi hija está terriblemente atormentada por el diablo.» ¡Qué gran confianza! Ella cree que si el Señor se apiada de ella, su hija se curará. No duda ni de su poder ni de su querer, porque exclama: solamente ten piedad de mí. Como queriendo decir: yo sé que eres piadoso con todos y no dudo de que si te pido que me tengas piedad, la vas a tener; y en cuanto la tengas, mi hija quedará curada.Ciertamente, el mayor defecto que tienen nuestras oraciones y todo lo que nos sucede, es que nuestra confianza es pequeña. De ahí viene que no merecemos recibir el socorro tal como lo deseamos o pedimos.La segunda cualidad de la fe es la perseverancia. Nuestra cananea al ver que el Señor no le respondía nada y parecía no atender a su petición, no por eso dejó de gritar: «Hijo de Dios, ten piedad de mí». Hasta que los Apóstoles le decían. Señor, atiéndela, que no cesa de gritar detrás de ti.Perseveremos en nuestra oración en todo tiempo, pues, aunque el Señor parezca no oírnos, no es que nos quiera desairar; es para obligarnos a clamar más fuerte y así hacernos percibir mejor la grandeza de su misericordia.La tercera cualidad de la fe es la humildad. Cuando nuestro Señor dijo a esta mujer «no es bueno echar el pan de los hijos a los perritos», ella no se ofendió sino que replicó: «sí, pero los perritos se alimentan de las migajas que caen» Esta humildad fue tan agradable a nuestro Salvador, que le concedió todo lo que pedía, diciendo: «Oh mujer, qué grande es tu fe, hágase como lo quieres.» Es cierto que todas las virtudes son muy gratas a Dios, pero la humildad le gusta sobre todo y parece que no pudiera resistirse a ella.



