A cuatro años de la guerra, el Papa clama por la paz en Ucrania y renueva el envío de ayuda humanitaria

Al cumplirse un nuevo aniversario del inicio del conflicto, el Santo Padre elevó su voz tras el Ángelus para pedir el cese inmediato de las armas, mientras la Santa Sede continúa su asistencia concreta al pueblo ucraniano golpeado por la guerra.
Un conflicto que marcó a Europa y al mundo
El 24 de febrero de 2022, la Federación Rusa lanzó una ofensiva militar a gran escala contra Ucrania, ampliando un conflicto que había comenzado en 2014 con la anexión de Crimea y los enfrentamientos en la región del Donbás. Desde entonces, la guerra ha dejado decenas de miles de muertos y heridos, millones de desplazados internos y refugiados en distintos países europeos, además de una devastación material sin precedentes en varias ciudades ucranianas.
Las causas del conflicto se remontan a tensiones geopolíticas históricas entre Rusia y Ucrania, la expansión de la OTAN hacia el este, la situación en las regiones prorrusas del Donetsk y Lugansk, y la disputa sobre la soberanía territorial ucraniana. La comunidad internacional, incluidos organismos como la Organización de las Naciones Unidas, ha condenado reiteradamente la invasión y ha advertido sobre sus graves consecuencias humanitarias y económicas a nivel global.
Cuatro años después, la situación continúa siendo dramática: ciudades parcialmente destruidas, infraestructura energética dañada, crisis humanitaria prolongada y un impacto que ha repercutido también en el precio de los alimentos y la energía en diversas regiones del mundo.
El llamado del Santo Padre: “Que callen las armas”
Al concluir el Ángelus del domingo 22 de febrero, el Santo Padre recordó con dolor el aniversario del inicio de la guerra:
“Han pasado ya cuatro años desde el inicio de la guerra contra Ucrania. Mi corazón sigue la dramática situación que todos tenemos ante nuestros ojos: ¡cuántas víctimas, cuántas vidas y familias destrozadas, cuánta destrucción, cuánto sufrimiento indecible! En verdad, toda guerra es una herida infligida a la familia humana: deja tras de sí muerte, devastación y un rastro de dolor que marca a generaciones”.
El Pontífice subrayó que la paz no puede esperar:
“La paz no puede posponerse, es una necesidad urgente, que debe encontrar espacio en los corazones y traducirse en decisiones responsables. Por eso renuevo con fuerza mi llamamiento: que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego y que se refuerce el diálogo para abrir el camino a la paz”.
Asimismo, invitó a todos los fieles a unirse en la oración “por el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra y de todos los conflictos en el mundo”.
Diversos informes de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados han documentado el alto número de víctimas civiles y el éxodo masivo de personas que debieron abandonar sus hogares. A ello se suman traumas psicológicos, separación de familias, niños sin escolarización regular y una profunda crisis social que afecta a generaciones enteras.
Consecuencias humanitarias y sociales
La guerra también ha tensado las relaciones internacionales y ha generado sanciones económicas, reconfigurando el panorama político y estratégico de Europa del Este.
La ayuda humanitaria de la Santa Sede
Fiel a su misión pastoral y caritativa, la Santa Sede ha mantenido desde el inicio del conflicto una constante acción humanitaria. A través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, conocido como la Limosnería Apostólica, se han enviado ambulancias, medicamentos, generadores eléctricos y otros insumos esenciales para las zonas más afectadas.
En la jornada de hoy, coincidiendo con este doloroso aniversario, el Papa dispuso el envío de nueva ayuda humanitaria destinada a aliviar el sufrimiento de las poblaciones más vulnerables, reafirmando así la cercanía concreta de la Iglesia con el pueblo ucraniano.
Una herida abierta que clama al cielo
A cuatro años del inicio de la guerra, Ucrania continúa siendo un escenario de sufrimiento que interpela la conciencia del mundo. La voz del Sucesor de Pedro se eleva una vez más como un llamado profético a la responsabilidad y al diálogo.
En medio de la devastación, la Iglesia no deja de proclamar que la paz es posible y necesaria, y que solo a través del encuentro y la negociación podrá cerrarse esta herida que sigue sangrando en el corazón de Europa.


