El Papa León XIV envía ayuda urgente a Ucrania y renueva su firme llamado al cese de la guerra

El Santo Padre envía medicamentos y más de mil radiadores eléctricos a las zonas más afectadas por la guerra, reafirmando la cercanía de la Iglesia con el pueblo que sufre
Una petición desesperada escuchada por el Santo Padre
La guerra que desde hace cuatro años golpea a Ucrania continúa dejando heridas profundas: ciudades devastadas, familias separadas, infraestructuras destruidas y un futuro incierto para millones de personas. En este dramático contexto, varios obispos ucranianos elevaron al Papa una “petición desesperada” ante la emergencia humanitaria provocada por los recientes bombardeos, especialmente en la región de Zaporiyia.
El Santo Padre León XIV respondió con prontitud a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad, canalizando la ayuda mediante la Limosnería Apostólica, el organismo que ejerce la caridad directa del Papa.
Un camión cargado con medicamentos urgentes partió hacia el país del Este europeo para hacer frente a lo que el Dicasterio calificó como una “desastrosa emergencia humanitaria”. El valor comercial del cargamento supera el millón de euros y fue posible gracias, en gran parte, al apoyo de la Fundación Banco Farmacéutico ETS.
Medicinas y calor para un pueblo herido
Pero la ayuda no se limitó a medicamentos. La guerra ha afectado gravemente las infraestructuras energéticas, dejando a cientos de familias sin calefacción en pleno invierno.
El obispo de Járkov-Zaporiyia, monseñor Pavlo Honcharuk, alertó sobre la situación crítica de más de 800 familias —prácticamente un barrio entero— que quedaron sin suministro de calor tras los ataques a las instalaciones eléctricas. Ante esta dramática realidad, acudió directamente al limosnero pontificio, el cardenal Konrad Krajewski, solicitando ayuda concreta.
La respuesta no se hizo esperar. Además de los medicamentos, llegaron a Zaporiyia más de 1.000 radiadores eléctricos a aceite adquiridos en Italia. Estos equipos permitirán a las familias afrontar el frío extremo, mientras continúan las dificultades logísticas para restablecer los servicios básicos.
Según comunicó la Limosnería Apostólica, a pesar de los desafíos operativos y de seguridad, los productos serán distribuidos en breve en los territorios más afectados por los bombardeos.
La cercanía constante del Vaticano
No se trata de un gesto aislado. Desde el inicio del conflicto, la Santa Sede y la Iglesia local han mantenido una presencia activa de solidaridad, tanto espiritual como material. La acción caritativa se suma al acompañamiento pastoral y al llamado constante a la reconciliación.
Durante el Ángelus del pasado 22 de febrero, el Papa recordó el aniversario del inicio de la guerra, evocando a las víctimas, a las “familias destrozadas” y los “sufrimientos indecibles” que siguen marcando a la nación. En esa ocasión, reiteró que la paz no puede postergarse, porque es una exigencia urgente.
El don de la paz, una urgencia que no puede esperar
León XIV insistió en la necesidad de silenciar las armas y alcanzar un alto el fuego. Junto a la ayuda humanitaria, el Pontífice pidió a los fieles de todo el mundo intensificar la oración, convencido de que ella prepara los corazones para la paz verdadera.
En medio del estruendo de la guerra, la Iglesia vuelve a mostrarse como madre que no abandona a sus hijos, ofreciendo no solo ayuda material, sino también esperanza. Allí donde la violencia intenta apagar la luz, la caridad se convierte en signo concreto de que el amor es más fuerte que el odio.



