La Santa Sede

El Papa León XIV: la santidad no es privilegio de unos pocos, sino llamado universal

En la Audiencia General, el Pontífice profundizó en la Constitución “Lumen gentium” y recordó que todos los bautizados están llamados a vivir la plenitud del amor

En la Audiencia General de este miércoles 8 de abril de 2026, el Papa León XIV centró su catequesis en la vocación universal a la santidad, uno de los ejes fundamentales de la Constitución conciliar Lumen gentium.

La santidad: un llamado para todos

El Santo Padre recordó que, según el Concilio Vaticano II, la santidad no es exclusiva de unos pocos, sino un don que compromete a todos los bautizados.

“La plenitud de la vida cristiana consiste en la caridad”, explicó, subrayando que el amor a Dios y al prójimo es el núcleo de toda vida santa. En este sentido, destacó que incluso el testimonio supremo del martirio sigue siendo hoy una realidad viva en la Iglesia.

Los sacramentos, camino de transformación

El Pontífice enfatizó el papel central de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, como alimento espiritual que permite al creyente configurarse con Cristo.

Asimismo, recordó las enseñanzas de San Pablo VI, quien insistía en que todos los fieles están llamados a ser “verdaderamente hijos dignos, fuertes y fieles”, mediante una auténtica transformación interior.

La vida consagrada, signo profético

En su reflexión, el Papa destacó el valor de la vida consagrada como signo visible del Reino de Dios en medio del mundo. Los consejos evangélicos —pobreza, castidad y obediencia—, explicó, no limitan la libertad, sino que la orientan hacia una entrega total a Dios.

Estas formas de vida, añadió, manifiestan un seguimiento radical de Cristo y recuerdan a toda la Iglesia su vocación a la santidad.

Conversión cotidiana y esperanza

El Santo Padre reconoció también la realidad del pecado, señalando que esta invita a cada creyente a un camino constante de conversión.

Finalmente, encomendó a los fieles a la intercesión de la Virgen María, alentando a vivir la santidad no como un ideal lejano, sino como un camino concreto hacia el encuentro con Dios.

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