Quince niños reciben el Sacramento del Bautismo en la Parroquia Virgen de Fátima

En la tarde del sábado 25 de julio, la comunidad Parroquial Nuestra Señora de Fátima celebró con alegría el bautismo de 15 niños, quienes, mediante este sacramento, nacieron a una vida nueva como hijos de Dios. La celebración fue presidida por el Pbro. Robert Ayala, cura párroco de la Parroquia Virgen de Fátima.
Estos niños recibieron la gracia de convertirse en hijos de Dios mediante el sacramento del Bautismo.
El Pbro. Robert Ayala, recordó a los padres y padrinos la hermosa misión de acompañar a estos pequeños en su crecimiento humano y espiritual, educándolos en la fe y dando testimonio del amor de Cristo con sus vidas.
Con este sacramento, las familias renovaron su compromiso de caminar junto a sus hijos en la vida cristiana, fortaleciendo los lazos de la comunidad parroquial y celebrando el inmenso regalo de la fe.
El Bautismo
La puerta que nos abre a una vida nueva en Cristo
El Bautismo es el primer y más importante de los sacramentos, porque introduce al niño en la vida de la gracia y los convierte en hijos amados de Dios. No es simplemente una hermosa tradición familiar o una celebración especial, sino un verdadero encuentro con Jesucristo, quien los limpia del pecado, los hace renacer por el agua y el Espíritu Santo, y los incorpora a la gran familia de la Iglesia.
Desde el momento en que son bautizados, reciben una identidad nueva. Dejan de ser solo criaturas para convertirse en hijos de Dios, templos del Espíritu Santo y miembros del Cuerpo de Cristo. Este regalo inmenso no depende de los méritos propios, sino del amor infinito y gratuito de Dios, que los llama a vivir en comunión con Él y con los hermanos.
El agua bautismal simboliza la purificación y la vida nueva. Así como el agua da vida a la naturaleza, el Bautismo da vida al alma, renueva el corazón y los invita a caminar por el sendero de la santidad. Es el comienzo de un camino de fe que debe ser alimentado con la oración, la participación en los sacramentos, la escucha de la Palabra de Dios y el compromiso de vivir el Evangelio cada día.
Cuando se bautiza a un niño, la Iglesia celebra también la fe de sus padres y padrinos, quienes asumen la hermosa responsabilidad de educarlo en la fe cristiana. Ellos prometen acompañarlo con su testimonio, enseñándole a conocer y amar a Jesús para que, al crecer, pueda responder libremente al llamado de Dios.
Cada bautismo es motivo de alegría para toda la comunidad cristiana. Es una nueva vida que comienza en Cristo, una nueva luz que se enciende en el mundo y una esperanza renovada para la Iglesia.
Que cada Bautismo recuerde que Dios nunca deja de llamar por el nombre y de acompañar en cada etapa de la vida. Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, interceda por todos los bautizados para que permanezcan siempre fieles a la gracia recibida y sean luz del mundo, sal de la tierra y auténticos testigos del Evangelio.


