La Santa Sede

Papa León XIV pide el fin de la violencia en Tierra Santa y agradece el testimonio de los abuelos y las personas mayores

Tras el rezo del Ángelus, el Santo Padre dirigió un firme llamado por la paz en Medio Oriente, recordó la beatificación del patriarca maronita Elia Hoayek y animó a valorar el papel de las personas mayores con motivo de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

Castel Gandolfo, 26 de julio de 2026. Al concluir el rezo del Ángelus en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, el Santo Padre León XIV dirigió varios llamamientos sobre la actualidad internacional, expresó su cercanía a los pueblos afectados por la guerra y los desastres naturales, y destacó la importancia de cuidar y valorar a las personas mayores en la celebración de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores.

Un nuevo beato para la Iglesia maronita

El Pontífice comenzó recordando la beatificación de Elia Hoayek, patriarca de Antioquía de los maronitas entre 1899 y 1931 y fundador de la Congregación de las Hermanas Maronitas de la Sagrada Familia.

Lo describió como un pastor de gran sensibilidad, promotor del diálogo y de la esperanza, cuya labor marcó profundamente la historia del Líbano, motivo por el cual fue conocido como el «Padre del Gran Líbano».

El Santo Padre expresó su deseo de que la intercesión del nuevo beato sostenga a los fieles maronitas en todo el mundo y alcance para el pueblo libanés el don de la paz.

Un nuevo llamado a la paz en Tierra Santa y Medio Oriente

Papa León XIV manifestó su preocupación por el recrudecimiento de la violencia en Tierra Santa, donde numerosos civiles han resultado víctimas tanto en Cisjordania como en Gaza.

Ante esta situación, hizo un enérgico llamado a retomar las negociaciones para alcanzar una solución política justa, basada en la dignidad y la igualdad de derechos de todas las personas.

Asimismo, pidió rechazar nuevas acciones militares y cualquier decisión unilateral que altere el respeto y el statu quo de los lugares santos compartidos por las distintas religiones.

El Pontífice amplió su llamamiento a toda la región de Medio Oriente, lamentando que la intensificación de las operaciones militares continúe sembrando destrucción, agravando la crisis humanitaria y poniendo en riesgo la vida de miles de civiles.

Desde lo más profundo de su corazón, exhortó a todas las partes involucradas a suspender los ataques y reabrir urgentemente los caminos del diálogo y la diplomacia para alcanzar una paz duradera.

Cercanía a Francia y España por los incendios

El Santo Padre también expresó su solidaridad con las poblaciones afectadas por los graves incendios registrados en distintas localidades de Francia y España.

Invitó a toda la Iglesia a orar por las víctimas, por quienes han sufrido pérdidas y por los equipos de rescate que trabajan para controlar la emergencia.

Agradecimiento por los abuelos y las personas mayores

En referencia a la VI Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores, cuyo lema fue «Yo nunca te olvidaré» (Is 49,15), el Papa invitó a agradecer a Dios por el don que representan las personas mayores para la Iglesia y la sociedad.

Animó a reconocer su valiosa contribución, respetar su dignidad y garantizarles siempre la atención, el cuidado y el acompañamiento que merecen.

Saludos a los peregrinos

Finalmente, el Santo Padre saludó a los numerosos peregrinos presentes en Castel Gandolfo, procedentes de Italia y de distintos países del mundo.

Dirigió palabras especiales a los obispos y miembros de la Obra de la Iglesia, a los niños ucranianos acogidos en la parroquia de San Miguel Arcángel de Nocera Superiore, a grupos de adolescentes, jóvenes peregrinos de Bélgica, alumnos de la Escuela de Carabineros de Velletri, a los integrantes de la Catholic Men Association of Cameroon y a los participantes de la tradicional Fiesta del Durazno de Castel Gandolfo.

Antes de despedirse, recordó la tradicional procesión de la Virgen Fiumarola, que se celebraría esa misma tarde en Roma a orillas del río Tíber, confiando a María el deseo de que todos los fieles vivan cada día según las enseñanzas del Evangelio.

Con su habitual cercanía, concluyó deseando a todos los presentes un feliz domingo.

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