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Con fe y oración culminó el Cerco de Jericó en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima

Durante siete días, la comunidad parroquial se reunió desde las primeras horas de la mañana para vivir un tiempo de oración, confianza en Dios y renovación espiritual. El cierre tuvo lugar este jueves 8 de octubre con el rezo del Cerco de Jericó y la celebración de la Santa Misa, presidida por el Pbro. Robert Ayala.

Con el corazón puesto en Dios y bajo la certeza de que la oración transforma la vida, la comunidad culminó este jueves el Cerco de Jericó, una experiencia de fe que se extendió durante siete días y reunió a numerosos fieles en torno a la oración.

La última jornada comenzó a las 04:30, cuando los participantes se congregaron para elevar sus plegarias y completar este camino espiritual que fue marcado por la esperanza, la perseverancia y la confianza en la acción de Dios. Desde el inicio hasta el cierre, los encuentros permitieron a los presentes colocar ante el Señor sus intenciones, preocupaciones, familias y proyectos.

A lo largo de estos siete días, la comunidad experimentó momentos de recogimiento y alabanza, renovando su confianza en el Señor. Cada encuentro fue una oportunidad para acercarse a Cristo, presentar las necesidades personales y comunitarias, además de agradecer por las gracias recibidas durante este tiempo.

El Cerco de Jericó recuerda, desde la experiencia bíblica, que las murallas pueden caer cuando el pueblo confía en Dios y persevera en la oración. Para los participantes, esta celebración representó también una invitación a no rendirse ante las dificultades, sino a permanecer firmes en la fe, sabiendo que el Señor acompaña cada paso.

Con la culminación del cerco, quedan siete días vividos como una verdadera experiencia de bendición para quienes participaron. Las oraciones compartidas, los momentos de silencio, la alabanza y la celebración Eucarística permitieron fortalecer los vínculos de la comunidad y renovar el compromiso de seguir buscando a Dios.

La expresión que acompañó este camino fue también una certeza para los fieles: todas las murallas cayeron por la gracia de Dios. Aquello que parecía difícil o imposible fue colocado en sus manos mediante la oración, confiando en que Él obra en el momento indicado y sostiene a quienes permanecen firmes en su presencia.

El cierre del Cerco no representa el final de la vida de oración, sino una invitación a continuar lo vivido durante estos días en la cotidianidad habituales con el desafío de conservar encendida la fe y llevar a cada espacio el testimonio de lo recibido.

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