Evangelio del Día

EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO | 13 DE OCTUBRE

Primera lectura | Ga 5, 1-6
Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Mirad lo que os digo yo, Pablo: si os circuncidáis, Cristo no os servirá de nada.
Lo afirmo de nuevo: el que se circuncida tiene el deber de observar la ley entera. Los que buscáis la justificación por la ley habéis roto con Cristo, habéis caído fuera del ámbito de la gracia.
Para nosotros, la esperanza de la justificación que aguardamos es obra del Espíritu, por medio de la fe, pues, en Cristo Jesús, da lo mismo estar circuncidado o no estarlo; lo único que cuenta es una fe activa en la práctica del amor.
Palabra de Dios

Salmo responsorial
Sal 118 (119), 41. 43. 44. 45. 47. 48
℟. Señor, que me alcance tu favor.
Señor, que me alcance tu favor,
tu salvación según tu promesa. ℟
No quites de mi boca las palabras sinceras,
porque yo espero en tus mandamientos. ℟
Cumpliré sin cesar tu voluntad,
por siempre jamás. ℟
Andaré por un camino ancho,
buscando tus decretos. ℟
Serán mi delicia tus mandatos,
que tanto amo. ℟
Levantaré mis manos hacia ti
recitando tus mandatos. ℟

Evangelio | Lc 11, 37-41
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar, un fariseo le rogó que fuese a comer con él.
Él entró y se puso a la mesa.
Como el fariseo se sorprendió al ver que no se lavaba las manos antes de comer, el Señor le dijo:
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad.
¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?
Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo».
Palabra del Señor

Comentario al Evangelio
San Ambrosio, obispo y doctor de la Iglesia (s. IV)
No desprecies lo mejor. Comentario al evangelio de Lucas, 7, 100-102.
«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato». Como veis, nuestros cuerpos son llamados aquí con los nombres de objetos de tierra y frágiles, que una simple caída puede romper. Y los íntimos sentimientos del alma son llamados por expresiones y gestos del cuerpo, tal como lo que encierra el interior de una copa se deja ver por fuera. .. Ved, pues, que no es el exterior de una copa o de un plato lo que nos ensucia el interior.
Como buen maestro, Jesús os ha enseñado cómo limpiar las manchas de nuestro cuerpo, diciendo: «Más bien dad como limosna lo que tenéis y todo le demás será puro en vosotros» ¡Veis bien cuántos remedios hay! La misericordia nos purifica. La palabra de Dios también nos purifica, tal como está escrito: «Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he anunciado» (Jn 15, 3).
Es el punto de partida de un buen pasaje: el Señor nos invita a buscar la simplicidad y condena el estar ligado a lo que es superfluo y ramplón. Los fariseos, a causa de su fragilidad, son comparados, y no sin razón, a la copa y al plato: observan escrupulosamente puntos que no tienen ninguna utilidad para nosotros, y olvidan aquello donde se encuentra el fruto de nuestra esperanza. Cometen, pues, una gran falta, despreciando lo mejor. Y sin embargo, también a esta falta se le ha prometido el perdón si viene detrás de la misericordia y la limosna.

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