Santo del Día

SANTORAL DEL DIA 16 DE OCTUBRE | SAN GERARDO MAYELA

En 1754, Gerardo tiene que pasar por una gran prueba, una prueba que, con solo ella, le hubiera hecho acreedor al poder especial de ayudar a las madres y a sus hijos. Entre sus obras de apostolado está la de alentar y ayudar a las chicas que quieren entrar en el convento. A menudo se hace incluso cargo de la dote prescrita cuando, de otra forma, una chica pobre no podría ser admitida en una orden religiosa.

Neria Caggiano es una de estas chicas a las que ayuda Gerardo. Pero coge aversión al convento y después de tres semanas vuelve a casa. Para explicar su actitud, Neria empieza a inventarse falsedades y a hacerlas circular acerca de la vida de las monjas; pero cuando la buena gente no se cree tales historias sobre un convento recomendado por Gerardo, decide salvar su propia reputación destruyendo el buen nombre de su bienhechor. En una carta que dirige a S. Alfonso, superior de Gerardo, le acusa a éste de pecados de impureza con la joven, hija de una familia en cuya casa Gerardo se hospeda con frecuencia durante sus itinerarios misioneros
En 1749 los Redentoristas llegan a Muro. Los misioneros son quince y se instalan en las tres parroquias de la ciudad. Gerardo sigue la misión con todo detalle y decide que ésta es la vida que anhela. Pide ser admitido como miembro del grupo pero el Superior, Padre Cafaro, lo rechaza a causa de su salud enfermiza. Tanto importuna Gerardo a los misioneros que, cuando éstos están a punto de marcharse de la ciudad, el Padre Cafaro aconseja a su familia que lo encierren en su habitación.Con una estratagema que, en adelante, seguirá encontrando un eco especial en el corazón de los jóvenes, Gerardo anuda las sábanas de la cama y se descuelga por la ventana para seguir al grupo de misioneros. Deja una nota en su casa «No os preocupéis, voy a hacerme Santo». Corre cerca de 18 kms. antes de alcanzarlos. «Llévenme con ustedes, denme una oportunidad; en fin, me echan a la calle si no valgo» dice Gerardo.

Ante tanta insistencia, al Padre Cafaro no le queda otra salida que darle al menos una oportunidad. Envía a Gerardo a la comunidad Redentorista de Deliceto con una carta en que dice: «Les mando a otro hermano, que será inútil para el trabajo…»Gerardo se enamora total y absolutamente de la forma de vida que Alfonso, el fundador de los Redentoristas, ha previsto para los miembros de su congregación.

Hace su primera profesión el 16 de julio de 1752, y el hecho de que se trate del día en que se celebra el Santísimo Redentor además de ser la festividad de Nuestra Señora del Monte Carmelo le llena de felicidad. Desde aquel día, a excepción de alguna breve visita a Nápoles y del tiempo pasado en Caposele donde morirá, la vida de Gerardo se desarrollará en la comunidad Redentorista de Iliceto.

La etiqueta de «inútil» no le durará mucho. Gerardo es un trabajador excelente y en los años siguientes llega a ser jardinero, sacristán, sastre, portero, cocinero, carpintero y albañil en las reformas de Caposele. Aprende rápidamente: visita el taller de un grabador de madera y será bien pronto capaz de hacer crucifijos. Para la comunidad se convierte en un tesoro y, además, con la sola ambición de hacer siempre y en todo la voluntad de Dios.

En 1754, su director espiritual le pide que escriba en una cuartilla lo que desea por encima de cualquier otra cosa. Escribe: «Amar mucho a Dios; estar siempre unido a Dios; hacerlo todo por Dios; amar a todos por Dios; lo único que cuenta es hacer la voluntad de Dios».

En 1754, Gerardo tiene que pasar por una gran prueba, una prueba que, con solo ella, le hubiera hecho acreedor al poder especial de ayudar a las madres y a sus hijos. Entre sus obras de apostolado está la de alentar y ayudar a las chicas que quieren entrar en el convento. A menudo se hace incluso cargo de la dote prescrita cuando, de otra forma, una chica pobre no podría ser admitida en una orden religiosa.

Neria Caggiano es una de estas chicas a las que ayuda Gerardo. Pero coge aversión al convento y después de tres semanas vuelve a casa. Para explicar su actitud, Neria empieza a inventarse falsedades y a hacerlas circular acerca de la vida de las monjas; pero cuando la buena gente no se cree tales historias sobre un convento recomendado por Gerardo, decide salvar su propia reputación destruyendo el buen nombre de su bienhechor. En una carta que dirige a S. Alfonso, superior de Gerardo, le acusa a éste de pecados de impureza con la joven, hija de una familia en cuya casa Gerardo se hospeda con frecuencia durante sus itinerarios misioneros.

Debido a los milagros que Dios ha obrado por intercesión de Gerardo en favor de las madres, las mamás de Italia pusieron gran empeño en que se nombrara a S. Gerardo su patrón.

En el proceso de su beatificación se asegura que Gerardo era conocido como «el santo de los partos felices».Millares de madres han podido experimentar el poder de S. Gerardo a través de la «Cofradía de S. Gerardo». Muchos hospitales dedican su departamento de maternidad al santo y distribuyen entre sus pacientes medallas e imágenes de san Gerardo con su correspondiente oración. A millares de niños se les ha impuesto el nombre de Gerardo por padres convencidos de que, gracias a la intercesión del santo, sus hijos han nacido bien. Hasta a las niñas se les impone su nombre, por lo que es interesante constatar cómo el nombre de «Gerardo» se ha transformado en Gerarda, Geralina, Gerardina, Geriana y Gerardita.

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