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Tupãsy Caacupé en Concepción: una visita que despierta la memoria, la fe y la esperanza

El Pbro. Fernando Adrián Florentín, cura párroco de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario y San Antonio y asesor de la Pastoral de Comunicación de la Diócesis de la Santísima Concepción, reflexionó sobre la visita de la Virgen de los Milagros de Caacupé al Norte del país y destacó que su presencia trasciende una simple visita: despierta la memoria, fortalece la fe y renueva la esperanza de un pueblo.

Una presencia que toca el corazón de un pueblo

La presencia de la imagen peregrina de la Virgen de los Milagros de Caacupé en la Diócesis de la Santísima Concepción ha dejado profundas expresiones de fe y emoción entre las comunidades que salieron a su encuentro.

Lágrimas, alegría, familias reunidas y el tradicional “chemopirî” fueron algunas de las manifestaciones que acompañaron estos días de encuentro con la querida Tupãsy Caacupé, en una visita que, para el Pbro. Fernando Florentín, va mucho más allá de una actividad programada.

El sacerdote señaló que existen acontecimientos que pueden ser organizados en una agenda y vividos durante algunas horas, pero también hay otros que “tocan las fibras más profundas del corazón de un pueblo”. Entre estos últimos situó la visita de la Virgen de Caacupé a Concepción.

“Detrás de una imagen, existe una memoria viva; detrás de una advocación, existe una historia; y detrás de una devoción, existe el corazón de todo un pueblo”, expresó.

Caacupé, memoria viva del pueblo paraguayo

En su reflexión, el Pbro. Florentín destacó que para el pueblo paraguayo la Virgen de Caacupé no representa solamente una imagen religiosa, sino también una memoria que atraviesa generaciones.

Es la memoria de los abuelos que preparaban a sus familias para peregrinar cada 8 de diciembre hacia el Santuario Nacional de Caacupé; de quienes caminaron largas distancias con cansancio en los pies, pero con esperanza en el corazón.

También es memoria de un pueblo que, en medio de guerras, pérdidas y sufrimientos, encontró en María un refugio y una presencia maternal.

El sacerdote recordó especialmente a tantas mujeres paraguayas que, después de las grandes tragedias que marcaron la historia nacional, tuvieron que reconstruir sus hogares, sostener a sus familias y comenzar nuevamente desde las ruinas.

Por eso, afirmó, cuando un paraguayo contempla a Tupãsy Caacupé, no contempla únicamente una escultura.

“Contempla una historia. Contempla a su madre. Contempla a su abuela. Contempla las manos de tantas mujeres que sostuvieron este país cuando casi todo parecía perdido”, manifestó.

María, cercana al dolor y a las lágrimas

La devoción a la Virgen también está profundamente relacionada con las historias personales de quienes acuden a ella en momentos de dolor y dificultad.

El Pbro. Florentín recordó a los enfermos, a quienes atraviesan el duelo, a las madres que rezan por sus hijos y a tantas personas que llegan ante María buscando consuelo cuando las palabras ya no alcanzan.

En ese contexto, destacó que muchas veces una oración comienza con palabras y termina transformándose en lágrimas.

“Hay momentos en la vida en los que uno ya no sabe qué decirle a Dios. Y entonces solamente queda llorar. María entiende también ese lenguaje”, expresó.

Una Madre que llega hasta los más sencillos

La visita de Tupãsy Caacupé a la región norte del país adquiere, según el sacerdote, un significado especial al encontrarse con la realidad concreta de las comunidades de Concepción.

María no visita únicamente templos o lugares preparados para recibirla. Su presencia también alcanza a los barrios más vulnerables, a los pobres y sencillos, a quienes muchas veces no tienen voz ni son escuchados.

“Donde algunos solamente ven pobreza, María sabe descubrir dignidad. Donde algunos ven fracaso, María descubre una historia. Donde algunos ven abandono, María reconoce a un hijo de Dios”, afirmó.

De esta manera, la presencia de la Virgen se convierte en un signo de esperanza, especialmente para quienes atraviesan situaciones difíciles y necesitan experimentar que no están solos.

Defender la fe desde la caridad

El mensaje del Pbro. Florentín también hizo referencia a algunas reacciones negativas y expresiones ofensivas surgidas en torno a la devoción a la Virgen de Caacupé.

Ante estas situaciones, el sacerdote invitó a los cristianos a no responder con la misma violencia, sino a ofrecer un testimonio coherente con el Evangelio.

“Los cristianos no estamos llamados a devolver ofensa por ofensa, sino a dar testimonio de aquello que creemos”, señaló.

En ese sentido, recordó el profundo significado que tiene la figura materna para el pueblo paraguayo y la manera en que la Virgen de Caacupé ha quedado inscrita en la identidad y en el corazón de la nación.

La invitación, por tanto, es a defender la fe sin despreciar a quienes piensan diferente, amar profundamente a María sin convertir la devoción en motivo de enfrentamiento y anunciar a Cristo desde la caridad.

“María siempre conduce hacia Jesús”

Para el sacerdote, el verdadero centro de la visita de Tupãsy Caacupé no está solamente en la emoción que provoca su presencia, sino en el mensaje que María continúa transmitiendo: conducir a todos hacia su Hijo Jesucristo.

Desde Concepción, la Madre vuelve a recordar las palabras pronunciadas en Caná: “Hagan lo que Él les diga”.

Ese llamado, explicó, conduce directamente al mandamiento de Jesús de amarse unos a otros como Él ha amado.

En una sociedad donde con facilidad se levantan voces para descalificar, ridiculizar o convertir las diferencias en enfrentamientos, el Pbro. Florentín llamó a los cristianos a convertirse en constructores de puentes, profetas de unidad y testigos de la caridad.

“Necesitamos cristianos que sean profetas de unidad y no artífices de discordia”, expresó.

Y dejó una reflexión central para quienes viven la fe y la devoción mariana: “La verdad que se anuncia sin amor termina pareciéndose muy poco a la verdad de Cristo”.

Una visita que deja esperanza

La presencia de Tupãsy Caacupé en la Diócesis de la Santísima Concepción se convierte así en una oportunidad para renovar la fe, mirar la historia con gratitud y asumir el compromiso de construir una sociedad más fraterna.

La Virgen, como Madre y discípula, continúa señalando el camino hacia Jesucristo y recordando que la verdadera devoción se expresa también en el amor al prójimo, en la unidad y en la solidaridad con los más necesitados.

Al concluir su mensaje, el Pbro. Fernando Florentín elevó una oración por la comunidad concepcionera:

“Tupãsy Caacupé: Madre, Reina y Señora del Paraguay, ehykuavo nde mborayhu ha ehovasa Concepción”.

Que la visita de la Madre de Caacupé no quede solamente en el recuerdo de una imagen que pasó por las comunidades, sino que permanezca como una experiencia de fe capaz de renovar los corazones y hacer crecer la esperanza en Cristo.

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