El Papa León XIV llama a la Iglesia melquita a ser testigo de reconciliación y paz en medio de los conflictos

Durante su encuentro con el Sínodo de Obispos de la Iglesia greco-melquita de Antioquía, el Santo Padre destacó la importancia de la caridad, la unidad episcopal y el acompañamiento a los cristianos que sufren la guerra, la persecución y las dificultades económicas en Oriente Medio.
Ciudad del Vaticano, 10 de octubre de 2026. El Papa León XIV exhortó a los obispos de la Iglesia greco-melquita de Antioquía a fortalecer la comunión eclesial y a mantener vivo el testimonio cristiano en las regiones afectadas por la guerra, la inestabilidad y las dificultades económicas. El Santo Padre dirigió este mensaje durante su encuentro con los participantes del Sínodo de Obispos, a quienes recordó que su misión no se limita al gobierno de la Iglesia, sino que implica un servicio permanente a la unidad y al Pueblo de Dios.
El Pontífice extendió su saludo a los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y fieles de esta Iglesia oriental, tanto a quienes permanecen en sus territorios tradicionales como a los que viven en la diáspora.
La caridad, signo de una fe viva
Al recordar que fue en Antioquía donde los discípulos de Jesús recibieron por primera vez el nombre de cristianos, el Papa León XIV subrayó que la identidad cristiana se manifiesta, ante todo, mediante una vida marcada por el amor al prójimo.
En este sentido, destacó el servicio que las comunidades melquitas realizan a través de la asistencia alimentaria, la educación, la atención sanitaria y el acompañamiento a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento. Estas acciones, señaló, permiten que la Iglesia sea un faro de esperanza y haga visible la luz de Cristo, especialmente en tiempos de incertidumbre.
El Santo Padre recordó que la fe no puede quedarse únicamente en las palabras o en las convicciones personales, sino que debe traducirse en gestos concretos de solidaridad y compromiso con los más necesitados.
Cercanía con los cristianos que sufren en Oriente Medio
Uno de los puntos centrales del discurso fue la situación de los cristianos que viven en territorios afectados por conflictos armados, el extremismo religioso, la inestabilidad y las dificultades económicas.
El Papa expresó su cercanía a estas comunidades y aseguró que no están solas: «Toda la Iglesia Católica está con vosotros», afirmó, recordando que, cuando un miembro sufre, todo el Cuerpo de Cristo comparte su sufrimiento.
También manifestó su preocupación por las familias que se ven obligadas a abandonar sus hogares para buscar trabajo, escapar de los peligros o proteger a sus hijos de la persecución.
Ante esta realidad, el Pontífice destacó la vocación de la Iglesia melquita de ser testigo de reconciliación y paz en medio de la violencia. Su presencia en estas tierras, vinculadas a la historia de la salvación, constituye un testimonio de fe que puede contribuir a sanar divisiones y sostener la esperanza de quienes padecen las consecuencias de los conflictos.
La unidad episcopal, al servicio del Pueblo de Dios
El Papa León XIV advirtió que las divisiones y la búsqueda de intereses personales también pueden afectar a la vida eclesial. Por ello, recordó la importancia de la reconciliación, evocando una práctica de la tradición bizantina: antes de celebrar la Divina Liturgia, el sacerdote y el diácono están llamados a reconciliarse con todos, sin guardar rencor ni alimentar sentimientos de hostilidad.
Para el Santo Padre, esta disposición expresa que la reconciliación forma parte de la entrega a Cristo y de la misión de quienes sirven a la Iglesia.
En este marco, presentó al Sínodo de Obispos como custodio de la comunión y destacó la responsabilidad de fortalecer la colegialidad episcopal, en sintonía con su Carta Apostólica Mutua Concordia, publicada el 29 de agosto de 2026.
Asimismo, exhortó a los pastores a evitar la búsqueda de poder en lugar del servicio, el beneficio personal en lugar de la transparencia y el éxito individual en lugar de la atención pastoral. La unidad, explicó, requiere oración, esfuerzo y una actitud de responsabilidad compartida.
Una Iglesia que anuncia el Evangelio con sus obras
El Pontífice también señaló que el anuncio del Evangelio alcanza una fuerza especial cuando los cristianos responden con amor ante el miedo, la ira y el sufrimiento. En particular, invitó a los ministros ordenados a dar ejemplo mediante el examen de conciencia, la rendición de cuentas y la búsqueda constante de la reconciliación.
Según expresó, tanto el martirio como los pequeños sacrificios cotidianos realizados por amor al prójimo pueden convertirse en testimonios de una fe capaz de tocar el corazón de quienes buscan la verdadera paz.
En este contexto, animó a los obispos a continuar formando a los jóvenes y a transmitirles las tradiciones cristianas que han sostenido a sus comunidades a lo largo de los siglos.
Educación para sostener la presencia cristiana
El Papa León XIV destacó además el apoyo de la Sede Apostólica, que, gracias a la generosidad de numerosos benefactores, facilita becas para que fieles de Siria, Líbano e Irak puedan acceder a una educación católica.
Esta iniciativa busca acompañar a los jóvenes y ayudar a las familias cristianas a permanecer en Oriente Medio, contribuyendo a la continuidad de una presencia cristiana en las tierras donde nació y se extendió la fe.
Al concluir el encuentro, el Santo Padre agradeció a los obispos su servicio y les aseguró su cercanía espiritual. También encomendó los trabajos del Sínodo a la intercesión de la Madre de Dios y pidió al Espíritu Santo que iluminara sus decisiones, invocando la bendición del Señor sobre los pastores y todos los fieles de la Iglesia melquita.
El mensaje del Papa León XIV pone de relieve una misión que trasciende las fronteras de una Iglesia particular: sostener a las comunidades que sufren, promover la reconciliación y hacer presente el amor de Cristo mediante la unidad, la caridad y el servicio.



