La Santa Sede

El Papa León XIV invita a compartir la alegría del Evangelio y a no desanimarse ante el rechazo

Durante el Ángelus de este domingo, el Santo Padre reflexionó sobre la parábola del banquete de bodas y recordó que la alegría de Dios es un don destinado a todos. Invitó a los cristianos a ser portadores de vida y a anunciar el amor de Cristo con generosidad, valentía y fe.

Ciudad del Vaticano.– El Papa León XIV invitó a los fieles a compartir la alegría del Evangelio incluso cuando no sea comprendida ni acogida. Durante el rezo del Ángelus de este domingo 11 de octubre, en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre centró su mensaje en la parábola del banquete de bodas, narrada en el Evangelio de san Mateo (22,1-14).

A partir de la imagen de un rey que prepara una fiesta para su hijo y desea compartir su felicidad con numerosos invitados, el Pontífice recordó que el bien tiende naturalmente a comunicarse y a incluir a los demás. Para ilustrarlo, citó a santo Tomás de Aquino: «El bien tiende por naturaleza a difundirse».

Sin embargo, en la parábola, algunos invitados rechazan la invitación y prefieren ocuparse de sus propios asuntos, mientras otros llegan incluso a maltratar a los mensajeros del rey. Ante esta actitud, el Papa señaló que el bien ofrecido no siempre es comprendido, reconocido o apreciado, y que incluso puede ser rechazado.

Una invitación que permanece abierta

El Santo Padre destacó que el rey no cancela la celebración ante el rechazo, sino que amplía la invitación y envía a sus servidores a llamar a más personas. En este gesto reconoció una imagen de la generosidad de Dios, que no deja de ofrecer su amor y desea que todos participen de su alegría.

Al explicar el significado espiritual de la parábola, recordó la interpretación de san Jerónimo, quien identifica al rey con el Padre celestial, al esposo con Jesús y a la esposa con la Iglesia.

En esta historia, los cristianos también están llamados a reconocerse como invitados por el Señor a compartir su vida y convertirse, junto a Él, en portadores de vida para los demás.

El Papa León XIV relacionó el banquete con los espacios cotidianos en los que se vive la fe: las iglesias, los hogares y los lugares donde transcurre la vida diaria. Allí, explicó, Jesucristo vuelve a manifestar su amor y espera la respuesta de cada persona.

Asimismo, evocó el Bautismo como el signo de la nueva vida cristiana y las buenas obras como expresión concreta de una fe que acerca a Dios y fortalece los vínculos entre las personas.

Una alegría que se hace concreta en la vida cotidiana

El Pontífice advirtió que la alegría cristiana no es artificial ni se reduce a un sentimiento pasajero. Por el contrario, se manifiesta en la realidad cotidiana, en el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, las manos que se estrechan y los gestos de bondad.

Se trata, subrayó, de una alegría verdadera que nace de Dios y constituye un don para la salvación del mundo.

Por ello, animó a los fieles a no dejarse vencer por la incomprensión o el rechazo, sino a continuar anunciando el Evangelio con generosidad, valentía y fe.

Finalmente, encomendó esta misión a la Virgen María, pidiéndole que ayude a los cristianos a crecer en la alegría y a compartirla siempre y en todas partes.

La alegría del Evangelio, una misión para todos

El mensaje del Ángelus recuerda que la fe cristiana no está llamada a permanecer encerrada en la vida personal. Como los invitados de la parábola, quienes reciben el amor de Dios están llamados también a compartirlo, haciendo de sus hogares, comunidades y espacios de trabajo lugares donde otros puedan experimentar la cercanía del Señor.

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