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Las religiosas en Haití: una presencia viva de esperanza y amor

Comprometidas con la vida y la dignidad del pueblo haitiano

En medio de una de las crisis más profundas del continente, las religiosas que sirven en Haití han asumido un papel vital, respondiendo con fe y entrega a las necesidades más urgentes del pueblo. Pobreza extrema, violencia, enfermedades, desnutrición y desplazamientos forzados son parte del escenario cotidiano. Sin embargo, mujeres consagradas como la hermana María Marthe Placius demuestran que incluso una pequeña acción puede transformarse en una gran obra si se hace con amor y confianza en Dios.

Desde Puerto Príncipe, en la localidad de Croix-des-Bouquets, la hermana María Marthe y su comunidad se dedican a brindar atención médica, apoyo psicológico, educación y acompañamiento a quienes más lo necesitan. Su testimonio es un reflejo del espíritu evangélico que impulsa a tantas misioneras a no quedarse de brazos cruzados ante el sufrimiento humano.

> “No tenía mucho, pero sabía que Dios podía hacer algo grande con lo poco que yo ofreciera”, comenta con humildad la hermana.

Una misión inspirada en el Evangelio

Movida por las palabras de Jesús: “Denles ustedes de comer”, su vocación se fue fortaleciendo en medio de los desafíos. Con recursos limitados y un entorno marcado por la inseguridad, ha logrado, junto con su comunidad, sostener clínicas, escuelas y programas de asistencia para niños y familias enteras.

La Clínica Saint Esprit, por ejemplo, ofrece servicios pediátricos, atención prenatal y programas de nutrición infantil, aunque los alimentos y medicamentos no siempre alcanzan para todos. Aún así, se atiende a más de 100 niños, se organizan campañas de vacunación y se apoya a personas con discapacidades a través de rehabilitación y entrega de sillas de ruedas o caminadores.

Educación como semilla de transformación

La hermana también coordina espacios educativos como La escuelita de Marie Poussepin, donde los más pequeños aprenden no solo a leer y escribir, sino también a crecer en valores que promuevan la paz, la dignidad humana y el rechazo a toda forma de violencia. “Queremos que los niños valoren la vida desde el principio”, afirma con ternura.

Gracias a becas escolares y actividades lúdicas, muchas familias encuentran en estas obras un apoyo fundamental para seguir adelante.

Fe y valentía frente al peligro

La vocación de la hermana María Marthe no ha estado exenta de miedo e incertidumbre. A pesar de los riesgos, ha optado por permanecer al lado de su gente: “Estoy aquí por decisión y por amor. Y mientras Dios me proteja, seguiré adelante”, expresa con convicción.

Su vida y la de muchas otras religiosas en Haití son signo del Evangelio hecho carne. En cada gesto de entrega, en cada plato compartido, en cada lección impartida, Dios multiplica el amor y convierte el dolor en esperanza.

Fuente: Vatican News

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