Psicólogo Miguel Araujo aborda la prevención del suicidio en su programa “Psicología para Todos”

En el marco de septiembre, mes dedicado a la concienciación sobre la prevención del suicidio, el psicólogo Miguel Araujo desarrolló en su espacio radial “Psicología para Todos” una profunda reflexión sobre la importancia de hablar con claridad y responsabilidad acerca de la depresión y las conductas suicidas, una realidad que afecta a personas de todas las edades y condiciones.
Araujo recordó que, según datos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, en Paraguay se registran en promedio dos casos de suicidio por día, cifras alarmantes que revelan la urgencia de un enfoque preventivo. “No podemos esperar a que ocurran las tragedias para recién actuar. La prevención salva vidas”, subrayó.
El psicólogo también compartió el testimonio del sacerdote español Padre Salvador Aguado, quien reconoció haber atravesado una profunda depresión y pensamientos suicidas, hasta que la ayuda de un psicólogo católico le permitió salir adelante. Este ejemplo, destacó Araujo, demuestra que la depresión no es falta de fe, sino una enfermedad que debe abordarse con acompañamiento humano, profesional y espiritual.
En ese sentido, enfatizó que la psicología y la espiritualidad no son realidades opuestas, sino dimensiones complementarias que ayudan a la persona a sanar integralmente: “Somos cuerpo, mente y espíritu. La fe es un refugio, pero también necesitamos el apoyo de un profesional de la salud mental”.
Durante el programa, Araujo insistió en la necesidad de derribar tabúes y prejuicios que estigmatizan a quienes buscan ayuda psicológica, recordando que acudir a un especialista no es signo de debilidad, sino de valentía y responsabilidad con la vida. Asimismo, animó a los padres y líderes familiares a reconocer sus propios límites, a darse tiempos de descanso y a enseñar a sus hijos el valor del esfuerzo y la conquista personal, como caminos que fortalecen la autoestima y previenen la insatisfacción y la depresión.
El especialista concluyó con un llamado a la esperanza y a la solidaridad: “Si vemos a alguien sufriendo y no sabemos cómo ayudar, lo mínimo es tender un puente hacia el profesional. No podemos quedarnos indiferentes, porque la vida es un don precioso que merece ser cuidado”.



