EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 3 DE OCTUBRE | CICLO C

Primera Lectura Baruc (1, 15-22)
Lectura del libro de Baruc
Pecamos contra el Señor no haciéndole caso.
Confesamos que el Señor, nuestro Dios, es justo, y a nosotros nos abruma hoy la vergüenza: a los judíos y vecinos de Jerusalén, a nuestros reyes y gobernantes, a nuestros sacerdotes y profetas y a nuestros padres; porque pecamos contra el Señor no haciéndole caso, desobedecimos al Señor, nuestro Dios, no siguiendo los mandatos que el Señor nos habla dado.
Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy, no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios, hemos rehusado obedecerle.
Por eso, nos persiguen ahora las desgracias y la maldición con que el Señor conminó a Moisés, su siervo, cuando sacó a nuestros padres de Egipto para darnos una tierra que mana leche y miel. No obedecimos al Señor, nuestro Dios, que nos hablaba por medio de sus enviados, los profetas; todos seguimos nuestros malos deseos, sirviendo a dioses ajenos y haciendo lo que el Señor, nuestro Dios, reprueba.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial | Sal 78, 15.8-9
℟. Líbranos, Señor, por el honor de tu nombre.
Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas,
echaron los cadáveres de tus siervos
en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles
a las fieras de la tierra. ℟
Derramaron su sangre como agua
en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Va a arder como fuego tu cólera? ℟
No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. ℟
Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu nombre. ℟
Evangelio según San Lucas 10, 13-16
Lectura del Santo Evangelio Según San Lucas
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Pues si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidos de sayal y sentados en la ceniza.
Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al abismo.
Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
Mons. José Ignacio Munilla, Obispo Orihuela-Alicante (s. XXI) • Homilía Viernes 26 del Tiempo Ordinario. 2023.
El evangelio de este viernes recoge el lamento de Jesucristo por el rechazo de la predicación que dirige al pueblo de Israel. En concreto habla de tres poblaciones: Corozaín, Betsaida y Cafarnaún en las que él se había prodigado en la predicación del Evangelio, haciendo signos, milagros de salvación; pero que sin embargo, no habían acogido en estas poblaciones su predicación. Y Jesús se lamenta y además habla de la gran responsabilidad que tienen por no haberlo hecho: ”Ay de ti Corazoín, ay de ti Betzaida”. Fijaos que el evangelio nos habla del drama del rechazo de la predicación de Jesucristo. De la no acogida de su mensaje de salvación.
Claro, desde nuestra mentalidad esto hoy en día, no se entiende. La mentalidad ‘relativista’ de nuestros días viene a decir: ‘Bueno aquí que cada uno crea según su sensibilidad. El que quiera creer que crea, el que no quiera creer, pues ¿qué más da?, que cada uno tiene su libertad de creer o no creer, eso es algo subjetivo.’ Es la mentalidad de nuestro tiempo, la del relativismo. Nada que ver con las palabras del Evangelio donde se nos habla que es un drama rechazar lo que Dios viene a comunicarnos. Es un drama. Acordaos de que en otros pasajes evangélicos, por ejemplo, en Mc 16, 16, dice: ’El que crea se salvará, el que no crea será condenado’. Es decir, es una gran responsabilidad rechazar, despreciar el amor de Dios que se nos revela, que se nos comunica.
Y no solo eso, el evangelio de hoy dice que rechazar a Cristo es rechazar a Dios. Porque Cristo dice: ‘El que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado.’. Cristo es el enviado del padre. Cristo es Dios hecho profeta, dirigiéndonos una palabra de salvación. Por eso tiene tanta gravedad rechazar el mensaje de Cristo.
Pero es más, el evangelio añade: ’Quien a vosotros os escucha a mí me escucha. Y quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza.’ Rechazar a los enviados de Jesucristo, los apóstoles de Jesucristo que predican la palabra, rechazar la predicación de la iglesia, es rechazar a Cristo. Igual que Jesús dice: ’Lo que hicisteis a uno de esos pobres, mis pequeños hermanos, a mí me lo hicisteis, también puede decir: ‘Esa palabra que habéis rechazado, que no habéis aceptado en la predicación de los Apóstoles, de la predicación de la iglesia, habéis rechazado mi palabra, me habéis rechazado a mí al no acoger esa palabra.’
Por lo tanto nos ponemos delante de este evangelio pidiendo el don de la conversión. Pidiendo la conciencia viva de nuestra gran responsabilidad de acoger, humildemente y con gratitud, la Palabra de Salvación que Cristo nos dirige y que sus profetas y sus Apóstoles nos predican en su nombre.



