Su Santidad- Papa León XIV: “Que ningún anciano sea abandonado, que nadie se sienta inútil”

En la audiencia concedida este 3 de octubre a los participantes del II Congreso Internacional de Pastoral de los Ancianos, el Papa León XIV recordó que las personas mayores son un don y una bendición para la Iglesia y la sociedad.
El Pontífice subrayó que la longevidad no es un defecto, sino uno de los signos de esperanza de nuestro tiempo. “¡Que nadie sea abandonado! ¡Que nadie se sienta inútil!”, exhortó, animando a superar la soledad y a reconocer la fragilidad de la vejez como “un puente hacia el cielo”.
Asimismo, destacó que la pastoral de los ancianos debe ser evangelizadora y misionera, integrando a los mayores no como receptores pasivos, sino como protagonistas activos de la vida eclesial, testigos de esperanza con su sabiduría y experiencia.
DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL II CONGRESO INTERNACIONAL
SOBRE LA PASTORAL DE LAS PERSONAS MAYORES
Viernes 3 de octubre de 2025
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
La paz sea contigo.
¡Buenos días y bienvenidos a todos!
Eminencia,
Excelencias,
queridos sacerdotes,
queridos hermanos y hermanas,
Os doy a todos la bienvenida y me alegra encontrarme con vosotros con ocasión del II Congreso Internacional sobre la Pastoral de las Personas Mayores, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.
El tema del Congreso, «¡Tus mayores soñarán sueños!» (cf. Jl 2,28), evoca las palabras del profeta Joel, tan queridas por el Papa Francisco , quien a menudo habló de la necesidad de una alianza entre jóvenes y mayores, inspirada por los «sueños» de quienes han vivido largas vidas y enriquecida por las «visiones» de quienes comienzan la gran aventura de la vida. [1] En este pasaje, el profeta anuncia la efusión universal del Espíritu Santo, que crea unidad entre las generaciones y distribuye dones diferentes a cada persona.
En nuestra época, lamentablemente, las relaciones intergeneracionales suelen estar marcadas por divisiones y conflictos que las enfrentan. Por ejemplo, se acusa a las personas mayores de no dejar espacio a los jóvenes en el mercado laboral o de consumir demasiados recursos económicos y sociales en detrimento de otras generaciones, como si la longevidad fuera un defecto.
Estas son formas de pensar que revelan visiones muy pesimistas y conflictivas de la vida. Las personas mayores son un don, una bendición que hay que acoger, y una vida más larga es algo positivo; de hecho, es una de las señales de esperanza en nuestro tiempo, en todo el mundo. Por supuesto, también es un desafío, porque el creciente número de personas mayores es un fenómeno histórico sin precedentes que nos llama a discernir y comprender la realidad de nuevas maneras.
La vejez es, sobre todo, un recordatorio beneficioso de la dinámica universal de la vida. La mentalidad predominante hoy en día tiende a valorar la existencia si produce riqueza o éxito, si ejerce poder o autoridad, olvidando que el ser humano es siempre una criatura limitada y necesitada. La fragilidad que se manifiesta en los ancianos nos recuerda esta verdad común; por lo tanto, quienes cultivan ilusiones mundanas la ocultan o la disimulan para no tener ante sus ojos la imagen de lo que inevitablemente llegaremos a ser. En cambio, es saludable comprender que el envejecimiento «forma parte de la maravilla de la creación». [2] Esta fragilidad, «si tenemos el coraje de reconocerla», de abrazarla y cuidarla, «es un puente hacia el cielo». [3] En lugar de avergonzarnos de la debilidad humana, nos veremos impulsados a pedir ayuda a nuestros hermanos y hermanas y a Dios, que vela por todas sus criaturas como un Padre. Los ancianos nos enseñan que «la salvación no está en la autonomía, sino en reconocer humildemente la propia necesidad y en saber expresarla libremente», de modo que «la medida de nuestra humanidad no está dada por lo que podemos lograr, sino por nuestra capacidad de dejarnos amar y, cuando es necesario, incluso ayudar». [4]
Aunque parezca extraño, la vejez, lamentablemente, se está convirtiendo cada vez más en algo que llega de repente y nos sorprende desprevenidos. Inspirándose en las Escrituras, la sabiduría de los Padres y la experiencia de los santos, la Iglesia está llamada a ofrecer momentos y herramientas para comprender la vejez, para que podamos vivirla cristianamente, sin pretender ser eternamente jóvenes ni dejarnos vencer por el desánimo. En este sentido, la catequesis que el Papa Francisco dedicó a este tema en 2022 es invaluable, pues desarrolla una verdadera espiritualidad de las personas mayores: podemos inspirarnos en ella para establecer una labor pastoral útil.
Hoy en día, muchas personas, tras finalizar sus años laborales, tienen la oportunidad de disfrutar de un período cada vez más largo de buena salud, bienestar económico y más tiempo libre. Se les llama «jóvenes mayores»: a menudo son quienes asisten a misa con asiduidad y dirigen las actividades parroquiales, como la catequesis y diversas formas de servicio pastoral. Es importante encontrar un lenguaje y oportunidades apropiados para ellos, involucrándolos no como receptores pasivos de la evangelización, sino como sujetos activos, y responder junto con ellos, y no en su lugar, a las preguntas que la vida y el Evangelio nos plantean.
Pueden surgir diversas situaciones: algunas personas reciben su primer anuncio de la fe en la vejez; otras han experimentado a Dios y a la Iglesia en su juventud, pero posteriormente se han alejado; y otras han perseverado en la vida cristiana. Para todas ellas, la pastoral de las personas mayores debe ser evangelizadora y misionera, porque la Iglesia está siempre llamada a anunciar a Jesucristo, el Salvador, a todo hombre y mujer, en cualquier edad y etapa de la vida.
Donde las personas mayores se encuentran solas y abandonadas, esto significará llevarles la buena nueva de la ternura del Señor, para superar, junto con ellas, la oscuridad de la soledad, el gran enemigo de la vida de las personas mayores. ¡Que nadie sea abandonado! ¡Que nadie se sienta inútil! Incluso una sencilla oración, recitada con fe en casa, contribuye al bien del Pueblo de Dios y nos une en comunión espiritual. Esta tarea misionera nos interpela a todos, a nuestras parroquias y, de manera particular, a los jóvenes, quienes pueden convertirse en testigos de cercanía y escucha mutua con quienes están más avanzados en sus vidas.
En otros casos, la evangelización misionera ayudará a las personas mayores a encontrar al Señor y su palabra. De hecho, con la edad, muchas personas comienzan a cuestionarse el sentido de la existencia, lo que les brinda la oportunidad de buscar una auténtica relación con Dios y profundizar en su vocación a la santidad.
Queridos amigos, recordemos siempre que proclamar el Evangelio es la tarea principal de nuestro ministerio pastoral: al involucrar a las personas mayores en esta dinámica misionera, ellas también serán testigos de esperanza, especialmente con su sabiduría, devoción y experiencia. De hecho, rezo por esto. Invoco sobre ustedes la intercesión maternal de la Virgen María y los acompaño con mi bendición. ¡Gracias!
El encuentro, celebrado en el marco del Congreso bajo el lema “Sus mayores soñarán” y organizado por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, reafirma la alianza entre generaciones y el valor insustituible de los ancianos en la transmisión de la fe.
Fuente Vatican News








