Evangelio del Día

EVANGELIO, LECTURA Y COMENTARIO DEL DÍA 20 DE NOVIEMBRE – CICLO C

Primera Lectura
1 Macabeos 2, 15-29
Lectura del libro de Macabeos

Viviremos según la alianza de nuestros padres.
En aquellos días, los funcionarios reales encargados de hacer apostatar por la fuerza, llegaron a Modín, para que la gente ofreciese sacrificios, y muchos israelitas acudieron a ellos.

Matatías se reunió con sus hijos, y los funcionarios del rey le dijeron: Eres un personaje ilustre, un hombre importante en este pueblo, y estás respaldado por tus hijos y parientes. Adelántate el primero, haz lo que manda el rey, como lo han hecho todas las naciones, y los mismos judíos, y los que han quedado en Jerusalén. Tú y tus hijos recibiréis el título de amigos del rey, os premiarán con oro y plata y muchos regalos.

Pero Matatías respondió en voz alta: Aunque todos los súbditos del rey le obedezcan, apostatando de la religión de sus padres; y aunque prefieran cumplir sus órdenes, yo, mis hijos y mis parientes, viviremos según la alianza de nuestros padres. ¡Dios me libre de abandonar la ley y nuestras costumbres! No obedeceremos las órdenes del rey, desviándonos de nuestra religión a derecha ni a izquierda.

Nada más decirlo, un judío se adelantó a la vista de todos, dispuesto a sacrificar sobre el ara de Modín, como lo mandaba el rey.

Al verlo, Matatías se indignó, tembló de cólera y, en un arrebato de santa ira, corrió a degollar a aquel hombre sobre el ara. Y entonces él mismo mató al funcionario real que obligaba a sacrificar, y derribó el ara. Lleno de celo por la ley, hizo lo que Fineés a Zamrí, hijos de Salu.

Luego empezó a decir a voz en grito por la ciudad: ¡El que sienta celo por la ley y quiera mantener la Alianza, que me siga!

Después se echó al monte, con sus hijos, dejando en el pueblo cuanto tenía. Por entonces, muchos bajaron al desierto para instalarse allí, porque deseaban vivir santamente según su ley.
Palabra de Dios

Salmo Responsorial | Salmo 49, 1-2.5-6.14-15
℟. Al que sigue buen camino, le haré ver la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
Desde Sion, la hermosa, Dios resplandece. ℟

«Congregadme a mis fieles
que sellaron mi pacto con un sacrificio»
Proclame el cielo su justicia:
Dios en persona va a juzgar. ℟

Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza,
cumple tus votos al Altísimo,
e invócame el día del peligro:
yo te libraré, y tú me darás gloria. ℟

Evangelio según San Lucas 19, 41-44
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas

¡Si comprendieras lo que conduce a la paz!
En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:

«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita».
Palabra del Señor

Comentario del Evangelio
Orígenes, presbítero (s. III) • Somos la Jerusalén sobre la que llora Jesús. Homilía 38, sobre el evangelio de Lucas; PG 13, 1896-1898.

Cuando Nuestro Señor y Salvador se acercó a Jerusalén, al ver la ciudad lloró por ella.»Si en este día comprendieras tú también los caminos de la paz!» Pero tus ojos siguen cerrados. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán con trincheras, te cercarán y te acosarán por todas partes.» (Lc 19, 41ss) Puede que alguien diga: -Está claro el sentido de estas palabras; de hecho, se han realizado en cuanto a Jerusalén; el ejército romano la sitió y devastó hasta el exterminio y el tiempo vendrá en que no quedará piedra sobre piedra.

No lo niego; Jerusalén ha sido destruida a causa de su ceguera, pero pregunto: ¿El llanto no se refería a nuestra Jerusalén? Porque nosotros somos aquella Jerusalén sobre la que Jesús lloró, nosotros que imaginamos tener una vista tan penetrante. Si, una vez instruidos sobre los misterios de la verdad, después de haber recibido la palabra del evangelio y la doctrina de la Iglesia, alguien de entre nosotros peca, provocará lamentos y llantos, porque no se llora sobre los paganos sino sobre aquel que después de haber formado parte de Jerusalén se ha separado de ella.

Hay llantos sobre nuestra Jerusalén porque a causa de sus pecados los enemigos van a sitiarla, es decir, las fuerzas adversas, los espíritus malos. Levantarán entorno a ella trincheras, la sitiarán, y no quedará piedra sobre piedra. Esto es lo que sucederá cuando después de largos años de continencia y de castidad, el hombre sucumbe, vencido por las seducciones de la carne. Esta es la Jerusalén sobre la cual se llora.

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