Homilías de los Sacerdotes

Homilía del Pbro. Julián Cristaldo “El Espíritu Santo es quien guía, enseña y sostiene la fe”

En una celebración cargada de fe y emoción, el Padre Julián Cristaldo, Administrador Diocesano de la Diócesis de la Santísima Concepción, presidió la Santa Misa en la Parroquia San Gerardo, durante la cual un grupo de confirmandos recibió el sacramento de la Confirmación.

En su homilía, dirigida especialmente a los jóvenes que fortalecían su vínculo con la Iglesia, el Padre Cristaldo se centró en la figura del Espíritu Santo, explicando su oficio y misión fundamental en la vida del creyente.

El presbítero comenzó señalando que“El oficio y la misión del Espíritu Santo es enseñar, guiar, hacer claro lo que Jesús les ha enseñado a sus discípulos”. Aseguró que Él es la garantía para que la doctrina de Dios no se equivoque y evita que su enseñanza quede en el olvido. “Entonces el Espíritu Santo dinámicamente le dará cumplimiento a la gracia que hay en el don de intención”, añadió

Refiriéndose al Espíritu Santo como el“Paráclito”, enviado por el Padre, el Administrador Diocesano remarcó que “les enseñará todo y les recordará todo lo que yo les he dicho”. Lo definió como un “compañero de vida, el que acompaña, el que sostiene para no caer, el que te mantiene firme, el que te encamina a Dios”.

El Padre Cristaldo explicó también la acción del Espíritu en la inteligencia y el corazón del fiel.“Nos enseña y nos hace recordar, nos aclara el misterio de la fe; nos hace comprender la fe”, afirmó. Subrayó que, gracias a esta guía, “La fe mediante Él no se apaga, crece”, y es Él quien “nos mantiene despierta la conciencia y el corazón”.

Finalmente,destacó el papel del Espíritu Santo como guía en las decisiones cotidianas. “El Espíritu Santo nos disciplina, y [nos ayuda en] las decisiones a tomar en vida: cuál camino tomar, ver si el camino que quiero es equivocado o no”, manifestó. Concluyó con un mensaje de esperanza, afirmando que el Paráclito “nos ayuda a caminar para delante, recordar y crecer”.

La celebración culminó con la imposición de manos y los óleos sobre los confirmandos, quienes renovaron sus promesas bautismales ante la comunidad parroquial que los acompañaba en este paso crucial de su vida cristiana.

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