Homilía del Rvdo. P. Antonio Morel | Segundo día de la Novena a la Virgen de Caacupé

La explanada de Futurista volvió a reunir a una multitud de fieles en el segundo día de la Novena a la Virgen de Caacupé, donde el Rvdo. P. Antonio Morel presidió la celebración eucarística. El sacerdote invitó a los presentes a caminar de la mano de Tupasy Caacupé, guiados por la luz del Adviento y por el llamado constante de Jesús a vivir en vigilancia, esperanza y formación integral.
Tras la proclamación del Evangelio según San Mateo, el presbítero recordó las palabras de Jesús que invitan a la preparación constante: así como en tiempos de Noé, cuando muchos vivían distraídos hasta que llegó el diluvio, también hoy los cristianos deben estar atentos para recibir al Señor “que vendrá a la hora menos pensada”. Esta vigilia espiritual, afirmó, solo puede vivirse desde un corazón abierto a la enseñanza de Cristo.
Una llamada a la educación integral
El Rvdo. P. Morel destacó que este segundo día de la novena está dedicado a reflexionar sobre la educación integral, tema inspirado en la misión educativa de Jesús, quien enseñaba a las multitudes “largo rato”, porque veía en ellas una necesidad profunda de orientación y crecimiento. Subrayó que la educación integral no se limita a aprender a leer, escribir o aprobar exámenes, sino que toca todas las dimensiones de la persona humana.
El sacerdote afirmó que “toda la vida es una enseñanza”, y que el discípulo no puede creerse autosuficiente o terminado; antes bien, debe mantenerse siempre en actitud de aprendizaje a los pies de Jesús. Él –dijo– es el Maestro por excelencia, quien educa no solo con palabras, sino con el testimonio de vida, la cercanía y la comprensión del corazón humano.
Dimensiones de una verdadera formación humana
A lo largo de su homilía, el P. Morel explicó que la educación integral abarca diversas áreas fundamentales:
- Dimensión intelectual: aprender a pensar, analizar, discernir, resolver problemas, buscar la verdad y desarrollar la capacidad crítica.
- Dimensión afectiva y emocional: educar el corazón, trabajar los valores, fortalecer la autoestima, cultivar relaciones sanas y el respeto mutuo.
- Dimensión espiritual y religiosa: descubrir que somos amados por Dios, comprender el sentido de la vida y crecer en la fe.
- Dimensión social y comunitaria: vencer el egoísmo, aprender a convivir, valorar la fraternidad y respetar los derechos del otro.
- Dimensión ética y moral: distinguir el bien del mal, optar por la justicia y actuar con responsabilidad.
- Dimensión laboral: desarrollar habilidades que permitan a la persona trabajar, servir, crear e insertarse en la sociedad de manera digna.
Recordó además los pilares de la educación paraguaya —aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser y aprender a emprender— señalando que, aunque representan una riqueza enorme, muchas veces quedan solo en documentos, discursos y planes que no se aplican.
La realidad educativa: desafíos y urgencias
El sacerdote describió con sinceridad la realidad educativa del país: escuelas sin infraestructura adecuada, jóvenes que abandonan los estudios para trabajar, docentes cansados y mal remunerados, falta de oportunidades en zonas rurales y ambientes sociales marcados por la violencia y la desmotivación. Frente a esta situación, expresó que la educación parece convertirse en un privilegio cuando debería ser un derecho fundamental.
En ese sentido, resaltó que la Iglesia espera que estos pilares se traduzcan en oportunidades reales:
- acceso a tecnología,
- alimentación digna,
- maestros capacitados y valorados,
- becas,
- infraestructura segura y adecuada,
- acompañamiento a las familias más vulnerables.
Pidió que ningún niño paraguayo sea descartado ni quede atrás, recordando que educar es un acto de amor y de justicia.
Educación y bien común
El P. Morel conectó esta reflexión con el camino pastoral hacia el bien común, lema que la Iglesia en Paraguay está preparando para los próximos años. Subrayó que una educación integral es clave para formar personas capaces de transformar la sociedad, promover la paz, cuidar la naturaleza y construir un futuro más digno para todos.
Finalmente, animó a las familias, la Iglesia y la comunidad entera a asumir su papel fundamental en la educación de las nuevas generaciones, recordando que María —Tupasy Caacupé— nos toma de la mano en el camino hacia Jesús, que nace para enseñarnos a vivir plenamente.



