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Tercer día de la Novena a la Virgen de Caacupé: fe que no se apaga ni bajo la lluvia

En la tarde de este lunes 1 de diciembre, la comunidad católica volvió a reunirse para vivir con profundo fervor el tercer día de la novena a la Virgen de los Milagros de Caacupé, cuyo tema meditativo fue: “Garantizar tierra, techo y trabajo”. A pesar de la constante lluvia que cubrió la ciudad desde tempranas horas, los fieles no dudaron en acercarse para honrar a la Madre de Dios, demostrando una vez más que la devoción supera toda dificultad.

La jornada, inicialmente prevista en la explanada de Futurista, tuvo que trasladarse bajo el amplio techo del surtidor, donde la comunidad encontró refugio para celebrar la Santa Misa. Lejos de apagar el ánimo, la lluvia dio un matiz especial al encuentro, recordando a todos que la protección de la Virgen también se manifiesta en los momentos sencillos y humildes, como un espacio improvisado que se transforma en lugar sagrado.

La celebración eucarística fue presidida por el Rvdo. Padre Emilio González, C.Ss.R., quien condujo la liturgia con serenidad y profundo espíritu misionero. Acompañó con esmero la Vicaría San Alfonso, encargada de la liturgia del día, mientras que el Santo Rosario, previo a la misa, estuvo animado por los miembros de la Legión de María, cuya oración se elevó con especial fervor en medio del sonido de la lluvia.

Durante la homilía, el Padre Emilio invitó a todos a reflexionar sobre el desafío urgente de asegurar tierra, techo y trabajo para todas las familias, recordando que estos no son simples bienes materiales, sino derechos fundamentales que reflejan la dignidad humana querida por Dios. Subrayó que la Iglesia está llamada a acompañar y levantar la voz por los más vulnerables, comprometiéndose activamente en la construcción de un país más justo y fraterno.

Los presentes participaron con recogimiento, muchos de ellos con rosarios en mano, agradeciendo la oportunidad de seguir honrando a la Virgen incluso en circunstancias adversas. La música, sencilla y profunda, acompañó cada momento de la celebración, creando un ambiente de esperanza.

El encuentro concluyó con la bendición final y un espontáneo aplauso a la Virgen de Caacupé, signo de la fe viva del pueblo paraguayo. Con la mirada puesta en los próximos días de la novena, los fieles se retiraron confiando en que María sigue caminando junto a ellos, incluso bajo la lluvia.

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