El Papa León XIV en Navidad: la paz nace cuando la fragilidad del otro nos atraviesa el corazón

En la Misa del Día de la Natividad del Señor, el Papa invitó a acoger al Verbo hecho carne en los más vulnerables, afirmando que la verdadera paz comienza cuando se escucha el llanto del que sufre.
La alegría de un anuncio que renueva el mundo
Durante la Solemnidad de la Natividad del Señor, celebrada este 25 de diciembre en la Basílica de San Pedro, el Santo Padre León XIV presidió la Santa Misa del Día y pronunció una homilía marcada por un fuerte llamado a la paz, la acogida y la ternura, en un mundo herido por la guerra, el desplazamiento forzado y la indiferencia.
Como en la cita del profeta Isaías —«Prorrumpan en gritos de alegría»— el Papa recordó que la Navidad anuncia un nuevo comienzo, incluso cuando parece que nadie cree que la paz sea posible. “La paz existe y está ya en medio de nosotros”, afirmó, subrayando que este don no se impone, sino que se ofrece a la libertad humana.
El Verbo que no habla, pero se hace presente
Al reflexionar sobre el prólogo del Evangelio de san Juan, el Papa León XIV destacó el contraste sorprendente de la Navidad: el Verbo eterno de Dios se manifiesta sin palabras, como un niño frágil que solo llora. Esa carne desnuda —dijo— interpela a la humanidad entera y reclama cuidado, acogida y dignidad.
El Pontífice vinculó esta fragilidad del Niño de Belén con la de tantos hombres y mujeres silenciados hoy: víctimas de la pobreza, ancianos abandonados, niños que lloran sin ser escuchados y pueblos enteros privados de su voz.
La paz como don que pide acogida
Citando las palabras de Jesús —«Les dejo la paz, les doy mi paz»— el Papa recordó que la paz de Dios no es como la del mundo, porque no se impone ni se compra, sino que nace del encuentro y de la acogida. “Llegar a ser hijos de Dios es un verdadero poder”, afirmó, advirtiendo que este don queda enterrado cuando se vive en la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
En este contexto, evocó las palabras del Papa Francisco en Evangelii gaudium, insistiendo en que el cristiano está llamado a tocar la carne sufriente de los demás y a renunciar a toda distancia cómoda frente al dolor humano.
Las heridas del mundo ante el pesebre
En uno de los momentos más conmovedores de la homilía, León XIV invitó a contemplar el misterio de la Encarnación a la luz de las tragedias actuales: las tiendas de los desplazados, los refugiados expuestos al frío, los sin techo en las ciudades, los pueblos devastados por la guerra y los jóvenes obligados a empuñar armas.
“El Verbo ha establecido su tienda frágil entre nosotros”, expresó, señalando que la paz comienza cuando el dolor del otro rompe nuestras certezas y nos impulsa a una solidaridad nueva.
Una Iglesia misionera al servicio del diálogo
El Santo Padre reconoció que el Evangelio no oculta la resistencia de las tinieblas frente a la luz, pero alentó a la Iglesia a no servir a palabras prepotentes, sino a la Palabra que se hace carne y camina con la humanidad. La Encarnación —dijo— es un dinamismo de diálogo que rompe los monólogos y conduce a la adoración de la vida vulnerable.
Finalmente, confió este camino a la Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina de la paz, recordando que nada auténtico nace de la fuerza exhibida, sino del silencioso poder de la vida acogida.
