Evangelio del Día

EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO | 21 DE FEBRERO

TIEMPO DE CUARESMA

Primera Lectura Is 58,9-14
Lectura del libro de Isaías.
Así habla el Señor: Este es el ayuno que yo amo: Si eliminas de ti todos los yu-gos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán
«Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas». Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial | 85, 1-6
R. ¡Enséñame tu camino, Señor!
Inclina tu oído, Señor, respóndeme, porque soy pobre y miserable; protégeme, porque soy uno de tus fieles, salva a tu servidor que en ti confía. R.
Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor, porque te invoco todo el día; reconforta el ánimo de tu servidor, porque a ti, Se-ñor, elevo mi alma. R.}
Tú, Señor, eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te in-vocan: jatiende, Señor, a mi plegaria, escucha la voz de mi súplica! R.

Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 5,27-32
• No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan
Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo:
«Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús:»¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?».
Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, para que se conviertan».
Palabra del Señor.


Comentario al Evangelio
Benedicto XVI, Papa (s. XXI) • Audiencia General. Miércoles 30 de agosto de 2006
Queridos hermanos y hermanas:

Continuando con la serie de retratos de los doce Apóstoles, que comenzamos hace algunas semanas, hoy reflexionamos sobre san Mateo. A decir verdad, es casi imposible delinear completamente su figura, pues las noticias que tenemos sobre él son pocas e incompletas. Más que esbozar su biografía, lo que podemos hacer es trazar el perfil que nos ofrece el Evangelio.

Mateo está siempre presente en las listas de los Doce elegidos por Jesús (cf. Mt 10, 3; Mc 3, 18; Lc 6, 15; Hch 1, 13). En hebreo, su nombre significa “don de Dios”. El primer Evangelio canónico, que lleva su nombre, nos lo presenta en la lista de los Doce con un apelativo muy preciso: “el publicano” (Mt 10, 3). De este modo se identifica con el hombre sentado en el despacho de impuestos, a quien Jesús llama a su seguimiento: “Cuando se iba de allí, al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y le siguió” (Mt 9, 9).

También san Marcos (cf. Mc 2, 13-17) y san Lucas (cf. Lc 5, 27-30) narran la llamada del hombre sentado en el despacho de impuestos, pero lo llaman “Leví”. Para imaginar la escena, basta recordar que los publicanos eran considerados pecadores públicos, porque colaboraban con un poder extranjero, el romano, y además exigían más de lo debido, aprovechándose de su posición.

El Evangelio nos dice que Jesús vio a Mateo. No se trató de una mirada cualquiera, sino de una mirada profunda, que transformó su vida. Jesús lo miró con misericordia y lo eligió. Mateo se levantó y lo siguió. En este gesto se expresa la obediencia inmediata a la llamada de Jesús, una obediencia que implica un cambio radical de vida.

Después de la llamada, Mateo invita a Jesús a su casa, donde se celebra un gran banquete con muchos publicanos y pecadores. Esto provoca la crítica de los fariseos. Jesús responde: “No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Mt 9, 12-13).

En esta respuesta, Jesús se presenta como el médico de las almas. Su misión consiste en llamar a los pecadores, y esta llamada es eficaz: transforma a los pecadores en discípulos y apóstoles. La figura de Mateo nos recuerda que nadie está excluido de la misericordia de Dios. Basta acoger la invitación de Jesús y seguirlo.

Queridos hermanos y hermanas, el ejemplo de Mateo nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida. También nosotros hemos recibido la llamada de Jesús. También nosotros estamos invitados a seguirlo con prontitud y generosidad. Que san Mateo nos ayude a responder con alegría a la llamada del Señor, a experimentar su misericordia y a anunciarla a los demás

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