¿Qué es el Ángelus y cómo se reza?

El Ángelus es una oración para contemplar el misterio de la Encarnación, el acontecimiento por el cual “el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios”. Es una pequeña pausa en el trabajo que nos sumerge en la intimidad de la Virgen María y la Santísima Trinidad.
1. ¿Qué es el Ángelus?
‘Ángelus’ es el nombre de una oración mariana y cristológica de la Iglesia católica en honor de la Virgen. Esta oración «invita a meditar el misterio de la Encarnación, animando al cristiano a tomar a María como punto de referencia en los diversos momentos de su jornada para imitarla en su disponibilidad para realizar el plan divino de la salvación». A esta contemplación de la vida de Cristo se suma el fin de saludar a la Virgen y recurrir a su misericordiosa intercesión.
Es una composición litúrgica que, con su estructura sencilla y carácter bíblico, nos lleva a conmemorar la Encarnación del Hijo de Dios y en la que pedimos ser llevados por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. La oración Ángelus, o «saludo angélico», consiste en el rezo de tres versos intercalados con tres “Ave María”:
«El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.»
Ave María
«He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.»
Ave María
«Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.»
Ave María
En esta parte se recuerda la prontitud del asentimiento de la Virgen a la voluntad del Señor y la llegada del Salvador en medio de nosotros. Después se implora la intercesión de María:
«Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo».
Se finaliza con una oración que indica los eventos centrales de la Redención:
«Oremos. Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas para que los que, por el anuncio del Ángel, hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén».

Textos de san Josemaría para meditar
“María está muy unida a esa manifestación máxima del amor de Dios: la Encarnación del Verbo, que se hizo hombre como nosotros y cargó con nuestras miserias y pecados. María, fiel a la misión divina para la que fue criada, se ha prodigado y se prodiga continuamente en servicio de los hombres, llamados todos a ser hermanos de su Hijo Jesús. Y la Madre de Dios es también realmente, ahora, la Madre de los hombres”.
“Mirad: para nuestra Madre Santa María jamás dejamos de ser pequeños, porque Ella nos abre el camino hacia el Reino de los Cielos, que será dado a los que se hacen niños. De Nuestra Señora no debemos apartarnos nunca. ¿Cómo la honraremos? Tratándola, hablándole, manifestándole nuestro cariño, ponderando en nuestro corazón las escenas de su vida en la tierra, contándole nuestras luchas, nuestros éxitos y nuestros fracasos.
Descubrimos así —como si las recitáramos por vez primera— el sentido de las oraciones marianas, que se han rezado siempre en la Iglesia. ¿Qué son el Ave Maria y el Ángelus sino alabanzas encendidas a la Maternidad divina? Y en el Santo Rosario —esa maravillosa devoción, que nunca me cansaré de aconsejar a todos los cristianos— pasan por nuestra cabeza y por nuestro corazón los misterios de la conducta admirable de María, que son los mismos misterios fundamentales de la fe.
2. ¿Cuándo nació esta devoción?
En la alta Edad Media se tocaba la campana de los monasterios y conventos para recitar la segunda plegaria, después de las “Completas” (parte de la Liturgia de las Horas). En el siglo XIII se comenzó la costumbre de recitar tres Ave María al sonido vespertino de las campanas y, muy pronto, se extendió la práctica a la mañana. En el siglo XV, en Francia, se sumó a esta costumbre su rezo al mediodía.
Esta práctica ha evolucionado hasta convertirse en las oraciones que hoy componen el Ángelus. En 1456, el papa Calixto III emitió una bula animando a todos los cristianos a rezar al toque de las campanas, pidiendo la intercesión de la Virgen ante los peligros de las guerras e invasiones. A algunos lugares la bula llegó después de la victoria cristiana ante el Imperio Otomano en verano de 1456, con lo que el toque de las campanas y la consiguiente oración se daban en un clima de acción de gracias. A raíz de esa bula, el toque de las campanas se extendió por todo el mundo, y es por lo que siguen sonando hoy en día, a las 12, animando a los cristianos a unirse en oración.
El primer documento que recoge el Ángelus en su forma actual es un catecismo impreso en Venecia en 1560. La práctica de esta costumbre se extendió en 1571 cuando el papa san Pío V insertó el rezo del Ángelus en el “Pequeño Oficio de Nuestra Señora” (devoción litúrgica a la Virgen María). Más adelante, en 1724, su difusión se volvió universal y definitiva con el documento “Iniunctae nobis” del papa Benedicto XIII, en el que concedía indulgencias por el rezo del Ángelus.
Hombre; Unigénito eterno del Padre y, a partir de aquel momento, como Hombre, hijo verdadero de María: por eso Nuestra Señora es Madre del Verbo encarnado, de la segunda Persona de la Santísima Trinidad que ha unido a sí para siempre —sin confusión— la naturaleza humana. Podemos decir bien alto a la Virgen Santa, como la mejor alabanza, esas palabras que expresan su más alta dignidad: Madre de Dios”.
5. ¿Hay relación entre la oración del Ángelus y el “Ángelus del Papa”?
El Ángelus del Papa” es un acto público del Papa en el que reza el Ángelus los domingos al mediodía con los fieles reunidos en la plaza de san Pedro y es transmitido por los medios de comunicación. Esta práctica comenzó el 15 de agosto de 1954, cuando fue transmitido por primera vez el rezo del Ángelus del Papa Pío XII por radio y televisión, a petición de los jóvenes de la Acción Católica y con ocasión del Año Mariano. Llegado el otoño del mismo año, por decisión del Papa, “al que le gustaba bendecir a los fieles reunidos en la plaza san Pedro, se comenzó a rezar desde la ventana de su estudio, tal y como se viene haciendo hasta nuestros días.”
El rezo del Ángelus es, además, una ocasión de cercanía entre el Papa y los fieles. Habitualmente, el Papa lo acompaña con algún mensaje pastoral, un cariñoso saludo a los peregrinos presentes en la plaza de san Pedro y los que lo sintonizan por los medios de comunicación, y las intenciones y preocupaciones de la Iglesia que tiene más presente y por las que pide oraciones. Es una gran oportunidad en la que el pueblo puede rezar junto al Santo Padre.
Textos de san Josemaría para meditar
“Acoge la palabra del Papa, con una adhesión religiosa, humilde, interna y eficaz: ¡hazle eco!”
“La fidelidad al Romano Pontífice implica una obligación clara y determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Santo, y acomoden a esas enseñanzas su actuación en la vida”.
“Ofrece la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: “ut sint unum! —para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que “omnes cum Petro ad Iesum per Mariam! —que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María.
“María edifica continuamente la Iglesia, la aúna, la mantiene compacta. Es difícil tener una auténtica devoción a la Virgen, y no sentirse más vinculados a los demás miembros del Cuerpo Místico, más unidos también a su cabeza visible, el Papa. Por eso me gusta repetir: omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!, ¡todos, con Pedro, a Jesús por María! Y, al reconocernos parte de la Iglesia e invitados a sentirnos hermanos en la fe, descubrimos con mayor hondura la fraternidad que nos une a la humanidad entera: porque la Iglesia ha sido enviada por Cristo a todas las gentes y a todos los pueblos”.
