La Santa Sede

Misa Crismal: el Papa León XIV llama a una Iglesia en salida, reconciliada y testigo en medio de la historia

En la Basílica de San Pedro, durante la celebración del Jueves Santo, el Santo Padre invitó a renovar la misión cristiana desde el desprendimiento, el encuentro y la cruz, destacando la unidad del Pueblo de Dios y la acción viva del Espíritu.

Un umbral pascual que renueva la misión

En la Basílica de San Pedro, en el corazón del Jueves Santo, el Papa León XIV presidió la Santa Misa Crismal, marcando el inicio del Triduo Pascual con una profunda reflexión sobre la identidad y misión del Pueblo de Dios.

“El Señor nos llevará a la cumbre de su misión”, afirmó el Santo Padre, subrayando que la Pascua no solo se contempla, sino que transforma la vida del creyente. La libertad de Cristo —explicó— es capaz de sanar, reconciliar y renovar el corazón humano, haciéndolo partícipe de una misión viva.

Una Iglesia consagrada para ser enviada

En su primer año presidiendo esta celebración como Obispo de Roma, el Papa centró su homilía en la dimensión misionera de la Iglesia. Recordó que todos los bautizados participan de la misma misión de Cristo, cada uno según su vocación, pero siempre en comunión.

Dirigiéndose especialmente a obispos y presbíteros, que renovaron sus promesas sacerdotales, destacó que no son servidores aislados, sino parte de un pueblo ungido por el Espíritu. “Nunca sin los demás”, insistió, resaltando que la Iglesia es un cuerpo vivo, enviado al mundo.

Inspirado en el pasaje de Isaías proclamado por Jesús en Nazaret, el Santo Padre recordó que Dios consagra para enviar: hacia los pobres, los oprimidos y los que viven en la oscuridad. Así, la Iglesia es esencialmente apostólica, llamada a salir de sí misma.

El desprendimiento: primer paso de toda misión

Uno de los ejes centrales de la homilía fue el llamado al desprendimiento. El Papa explicó que ser enviados implica dejar seguridades y abandonar aquello que puede convertirse en encierro.

Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien “se anonadó a sí mismo”, el Pontífice subrayó que toda misión comienza con un vaciamiento interior que permite a Dios actuar. Esta renuncia no elimina la historia personal, sino que la reconcilia y la transforma.

“No hay paz sin el valor de partir”, afirmó, invitando a los fieles a no quedar atrapados en el pasado, sino a abrirse a nuevos comienzos confiando en la gracia.

El encuentro: camino de una misión auténtica

El Santo Padre advirtió también sobre los riesgos de una misión vivida desde el poder o la imposición. Recordó que la verdadera evangelización nace del encuentro, del respeto y del compartir la vida.

Citando la experiencia de la Iglesia a lo largo de la historia, insistió en que el bien nunca proviene de la prepotencia. La misión —señaló— se realiza a través del diálogo, la cercanía y la inculturación, donde el Evangelio se hace vida en cada cultura.

En este contexto, destacó la acción del Espíritu Santo, que precede y guía la misión. “Está presente y actuante”, afirmó, invitando a los fieles a reconocer su obra incluso en los lugares más inesperados.

La cruz: prueba y fecundidad de la misión

En un tono profundamente realista, el Papa León XIV recordó que la misión también pasa por el rechazo y la incomprensión, como ocurrió con Jesús en Nazaret.

La cruz —afirmó— no es un fracaso, sino parte esencial del envío misionero. En ella se revela una lógica nueva que desarma la violencia y abre camino a la vida.

El Pontífice evocó el testimonio de Óscar Romero, quien vivió su entrega total a Dios incluso en medio del peligro, como signo de esperanza para la Iglesia.

Un pueblo de testigos en medio de la historia

En la parte final de su homilía, el Santo Padre recordó que los santos son quienes transforman la historia, no desde el poder, sino desde el testimonio fiel.

En un mundo marcado por conflictos y tensiones, el Papa llamó a la Iglesia a ser portadora del “perfume de Cristo”, incluso allí donde parece reinar la muerte.

Con fuerza pastoral, concluyó invitando a renovar el compromiso misionero: “¡Aquí estamos!”, una respuesta que brota de la fe, supera el miedo y se abre a la acción de Dios.

Renovar el “sí” en comunión y esperanza

La Misa Crismal se convirtió así en un llamado a toda la Iglesia a redescubrir su identidad misionera: un pueblo reconciliado, en salida y sostenido por el Espíritu.

En el inicio del Triduo Pascual, el mensaje del Papa León XIV resonó como una invitación urgente: vivir la fe no como refugio, sino como envío; no como seguridad, sino como don; no como aislamiento, sino como comunión que lleva esperanza al mundo.

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