El Papa León XIV exhorta a la unidad cristiana y a la reconciliación mundial

El Papa León XIV exhorta a la unidad cristiana y a la reconciliación mundial en el aniversario del Concilio de Nicea
Nicea, Turquía — Cerca de las excavaciones arqueológicas de la antigua Basílica de San Neófito, el Santo Padre León XIV pronunció un profundo y significativo discurso con motivo de la conmemoración del 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea, uno de los acontecimientos más decisivos en la historia del cristianismo. En un escenario cargado de simbolismo histórico y espiritual, el Papa llamó a renovar la fe en Jesucristo verdadero Dios y verdadero hombre, y a avanzar con decisión hacia la plena comunión entre todos los cristianos.
Un tiempo dramático que exige volver a la pregunta esencial: ¿Quién es Jesucristo?
El Santo Padre comenzó su intervención señalando que la humanidad vive “una época dramática en muchos aspectos”, marcada por amenazas a la dignidad humana. En este contexto, afirmó que el aniversario del Concilio de Nicea constituye una ocasión providencial para preguntarse nuevamente quién es Jesucristo para las mujeres y los hombres de hoy.
Advirtió sobre el riesgo contemporáneo entre los cristianos de reducir a Cristo a un simple líder carismático o a un héroe moral, una distorsión —dijo— que termina generando confusión y tristeza espiritual. Siguiendo la lógica del antiguo arrianismo, explicó que cuando se niega la divinidad de Cristo se rompe el puente entre Dios y la humanidad, desfigurando el misterio de la Encarnación.
Recordó que lo que estaba en juego en Nicea permanece vigente hoy: la fe en un Dios que, en Jesucristo, se hizo verdaderamente hombre para que la humanidad pudiera participar de su vida divina (cf. 2 P 1,4).
El Credo Niceno, un vínculo que ya une a todos los cristianos
El Papa León XIV destacó la relevancia ecuménica del aniversario. Señaló que la confesión de fe proclamada en Nicea —«en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios… de la misma naturaleza del Padre»— es un tesoro compartido por todas las Iglesias y comunidades cristianas, incluso por aquellas que no emplean habitualmente el Credo Niceno-Constantinopolitano en sus liturgias.
Citó a san Agustín para subrayar que “aunque somos muchos cristianos, en el único Cristo somos uno”, invitando a reconocer que los cristianos ya están unidos por un vínculo profundo en la fe común en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
A partir de esta conciencia, llamó a superar el escándalo de las divisiones y a caminar con decisión hacia una comunión plena, guiados por la Palabra de Dios, el Espíritu Santo y el amor recíproco.
Una fe reconciliada para un mundo herido
El Papa situó la búsqueda de la unidad cristiana dentro de un horizonte más amplio: el clamor universal por la reconciliación en un mundo herido por los conflictos y la violencia. Recordó que la fe cristiana profesa a un solo Dios Padre, lo cual exige reconocer como hermanos y hermanas a todos los seres humanos, independientemente de etnia, nacionalidad o religión.
Reiteró que no es posible invocar a Dios como Padre sin reconocer la fraternidad universal, principio que las religiones están llamadas a custodiar y promover. De manera firme, condenó todo uso de la religión para justificar la violencia, el fundamentalismo o el fanatismo, y señaló que el camino verdadero es el del encuentro fraterno, el diálogo y la colaboración entre pueblos y creencias.
Agradecimiento al Patriarca Bartolomé y llamado a la paz
El Santo Padre expresó su profundo agradecimiento a Su Santidad Bartolomé, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, por impulsar la conmemoración del aniversario en el sitio histórico del Concilio. También saludó y agradeció la presencia de los jefes de diversas Iglesias y comunidades cristianas del mundo que participaron en el encuentro.
Finalmente, elevó una ferviente oración al Padre misericordioso para que este aniversario se convierta en un puente de reconciliación, unidad y paz entre todos los cristianos y, a la vez, entre todos los pueblos.
Con emoción y esperanza, concluyó el encuentro recordando que Nicea sigue siendo un faro para la Iglesia: un llamado a custodiar la fe en Cristo y a trabajar incansablemente por la fraternidad universal.



