“Ustedes son la alegría de Dios” – Homilía de Mons. Vincenzo Turturro en el EJD 2025

El domingo 14 de septiembre, en la parroquia Santa Librada, durante la Santa Misa de clausura del XIX Encuentro Juvenil Diocesano 2025, el Nuncio Apostólico en Paraguay, Mons. Vincenzo Turturro, dirigió una profunda homilía a los jóvenes participantes, invitándolos a redescubrir la belleza de seguir a Cristo y a vivir con sentido y esperanza.
Inspirado en el Evangelio del día, con las parábolas de la oveja perdida, la moneda encontrada y el padre misericordioso, Mons. Turturro recordó que en el cielo hay más alegría por un pecador que se convierte que por noventa y nueve justos. A la luz de estas palabras, afirmó: “Queridos jóvenes, ustedes son la alegría de Dios. Cada vida es única, preciosa y un don que debe vivirse con sentido y significado en Cristo”.
El Nuncio compartió con sencillez que, aunque no sabe cantar, bailar o sacar fotos como muchos de los jóvenes, lo que sí puede darles es el testimonio de ser discípulo de Jesús, porque sólo Él puede dar un verdadero propósito a la vida. Subrayó que la felicidad no se encuentra en los ídolos del mundo, como el dinero, las cosas materiales o la apariencia, sino en los sueños vividos según el plan de Dios.
Mons. Turturro invitó a los jóvenes a un ejercicio espiritual: pensar qué harían si les quedaran 24 horas de vida. Señaló que aquello que no tendría sentido en ese tiempo —los bienes, la fama o los caprichos— son ídolos que no llevan a la plenitud. En cambio, lo esencial sería buscar a los seres queridos y decirles cuánto los aman, porque el amor verdadero es lo único capaz de transformar y convertir la vida.
Al respecto, explicó que la conversión cristiana no es fruto del miedo, sino de saberse amados. “Sólo el amor cambia el corazón. Dios es amor, y quien hace experiencia de ese amor no puede guardarlo, tiene que compartirlo”, dijo. Recordó el testimonio de san Pablo, quien pasó de perseguidor de cristianos a gran misionero tras encontrarse con Cristo.
El Nuncio también animó a los jóvenes a ser protagonistas de una sociedad nueva, construida desde el bien: “El mal existe porque hay quienes deciden hacerlo. Pero si mil jóvenes aquí presentes deciden responder al mal con el bien, esta sociedad será diferente. Paraguay será otro país, un país en el cual reine el amor”.
En otro momento, profundizó en las parábolas del Evangelio, mostrando que en cada una aparece el rostro de la misericordia de Dios. Explicó que misericordia significa “corazón de pobre”, un corazón humilde y abierto. Y con un gesto de cercanía, compartió una interpretación personal sobre el hijo mayor de la parábola: imaginó que, en lugar de quedar fuera, el hermano menor salió a su encuentro, lo abrazó y lo invitó a entrar, mostrando que también nosotros estamos llamados a reconciliarnos como hermanos.
Para concluir, Mons. Turturro exhortó a los jóvenes a ser testigos creíbles de la misericordia divina: “Somos todos pecadores, pero perdonados por Dios. Vayan ahora a sus calles, a sus comunidades y digan al mundo la belleza de haber experimentado el amor y el perdón de Dios”.
Con este mensaje, los jóvenes recibieron un fuerte llamado a ser discípulos misioneros, testigos del amor que transforma y del Evangelio que da vida.



