La Santa Sede

Cercanía y oración: el Papa en el monasterio de Santa Clara de Montefalco

León XIV visita a las monjas agustinas de Santa Clara: un encuentro de familiaridad, oración y sencillez evangélica

Un regreso lleno de significad

Tras reunirse con los obispos italianos en Asís, el Papa León XIV realizó este 20 de noviembre una visita privada al monasterio agustino de Santa Clara de Montefalco, lugar que conoce desde su juventud religiosa. Allí pasó un tiempo fraterno con la comunidad de clausura, celebró la Eucaristía y compartió el almuerzo.

Para las religiosas, fue un encuentro “de gran familiaridad”, como expresó la abadesa María Cristina Daguati. “Lo conocemos desde hace años. El Papa trae consigo una gran atmósfera de oración; es un hombre encantador, afable y con una personalidad tranquilizadora”.

Un Pontífice recibido con alegría

León XIV llegó a Montefalco en helicóptero, convirtiéndose en el primer Papa en visitar este pequeño poblado de la provincia de Perugia. En las calles medievales, numerosos vecinos —especialmente niños— salieron a saludarlo con entusiasmo.

El Santo Padre venía de un momento de oración ante la tumba de San Francisco en Asís y del encuentro con la Conferencia Episcopal Italiana, que concluye allí su 81ª Asamblea General.

El corazón vivo de la comunidad agustina

El monasterio de Santa Clara, que sigue la Regla de San Agustín desde 1290 y cuenta hoy con trece monjas, conserva con devoción la memoria de Santa Clara de Montefalco. La santa, marcada por una profunda vida espiritual y un fuerte sentido comunitario, es recordada por su sabiduría, su firmeza y su caridad con los pobres.

Las religiosas compartieron con el Papa parte de esta historia sagrada, incluida la tradición del “árbol de Santa Clara”, surgido —según la devoción popular— del bastón que Cristo le habría entregado en una aparición.

La Eucaristía junto a las reliquias de la Santa

León XIV celebró la misa en la iglesia del monasterio, una joya arquitectónica del siglo XVII. Allí reposan las reliquias de Santa Clara, entre ellas su corazón, en el que se hallaron antiguos símbolos de la Pasión de Cristo, según las actas del proceso de canonización.

La Capilla de la Santa Cruz, lugar donde la santa vivió sus últimos días, sigue siendo hoy un espacio de fuerte espiritualidad y testimonio de numerosos favores atribuidos a su intercesión.

Un almuerzo fraterno y un regalo lleno de mensaje

Después de la misa, el Santo Padre almorzó en comunidad con las monjas, en un ambiente sencillo y cordial. La abadesa y las hermanas le obsequiaron el calendario 2026, titulado “Hacia una paz desarmada y desarmante”, con textos del Papa y de San Agustín, ilustrado por la hermana María Rosa Guerrini.

Un gesto que refleja el espíritu que marcó toda la visita: la búsqueda de una paz humilde, cercana y fecunda, propia de quien vive según el Evangelio.

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