EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 5 DE NOVIEMBRE – CICLO C

Primera Lectura Romanos (13, 8-10)
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Roma.
Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.
Palabra de Dios
Primera Lectura Romanos (13, 8-10)
• Amar es cumplir la ley entera.
Lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los cristianos de Roma Hermanos: A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial |
Salmo 111, 1-2.4-5.9
℟. Dichoso el que se apiada y presta.
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. ℟
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. ℟
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. ℟
Evangelio según San Lucas 14, 25-33
Lectura del santo evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no pudo acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
Filomeno de Mabboug, obispo (s. V) • No somos de aquí. Hom. nº 9
Escucha la voz de Dios que te impulsa a salir de ti para seguir a Cristo y serás un discípulo perfecto: «el que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo». ¿Qué tienes que decir? ¿Qué puedes responder a todo esto? Todas tus dudas y tus preguntas caen ante esta sola palabra; la palabra de verdad es el sendero sublime por donde tú avanzarás. Jesús ha dicho más aún: «El que no renuncia a todos sus bienes, y no toma su cruz para seguirme, no puede ser mi discípulo». Y para enseñarnos a renunciar no sólo a nuestros bienes para darle gloria, y así en el mundo confesarle ante los hombres, sino incluso a nuestra propia vida, añade: «El que no renuncia a sí mismo, no puede ser mi discípulo.» Y en otro lugar dice: «El que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. A quien me sirva, el Padre le premiará» (Jn 12, 25s). Y dice a los suyos: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!» (Jn 14, 31). Por esta palabra nos ha querido enseñar que ni su lugar ni el de sus discípulos está aquí abajo.
Señor ¿a dónde iremos? «Allí donde esté yo, estará también mi servidor» (Jn 12, 26). Si Jesús nos llama: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!», ¿quién será tan necio para consentir quedarse con los muertos en el sepulcro y permanecer entre los enterrados? Cada vez, pues, que el mundo quiera retenerte, acuérdate de la palabra de Cristo: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!». Si estás vivo, esta palabra bastará para estimularte. Cada vez que quieras quedarte sentado, instalarte, que te complaces en permanecer donde estás, acuérdate de esta voz apremiante que tedice «¡Levántate, vayámonos de aquí!»
Puesto que de todas maneras será necesario que te marches; vete tal como Jesús se va; vete porque él te lo ha dicho, no porque la muerte te lleva a pesar tuyo. Lo quieras o no estás en el camino de los que se van. Márchate, pues, siguiendo la palabra de tu Maestro, no porque te sientes forzado a ello.
«¡Levántate, vayámonos de aquí!». ¿Por qué te retrasas? Cristo camina contigo.
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita. ℟
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos. ℟
Reparte limosna a los pobres;
su caridad es constante, sin falta,
y alzará la frente con dignidad. ℟
Evangelio según San Lucas 14, 25-33
Lectura del santo evangelio según San Lucas
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no pudo acabar».
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
Filomeno de Mabboug, obispo (s. V) • No somos de aquí. Hom. nº 9
Escucha la voz de Dios que te impulsa a salir de ti para seguir a Cristo y serás un discípulo perfecto: «el que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi discípulo». ¿Qué tienes que decir? ¿Qué puedes responder a todo esto? Todas tus dudas y tus preguntas caen ante esta sola palabra; la palabra de verdad es el sendero sublime por donde tú avanzarás. Jesús ha dicho más aún: «El que no renuncia a todos sus bienes, y no toma su cruz para seguirme, no puede ser mi discípulo». Y para enseñarnos a renunciar no sólo a nuestros bienes para darle gloria, y así en el mundo confesarle ante los hombres, sino incluso a nuestra propia vida, añade: «El que no renuncia a sí mismo, no puede ser mi discípulo.» Y en otro lugar dice: «El que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. A quien me sirva, el Padre le premiará» (Jn 12, 25s). Y dice a los suyos: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!» (Jn 14, 31). Por esta palabra nos ha querido enseñar que ni su lugar ni el de sus discípulos está aquí abajo.
Señor ¿a dónde iremos? «Allí donde esté yo, estará también mi servidor» (Jn 12, 26). Si Jesús nos llama: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!», ¿quién será tan necio para consentir quedarse con los muertos en el sepulcro y permanecer entre los enterrados? Cada vez, pues, que el mundo quiera retenerte, acuérdate de la palabra de Cristo: «¡Levantaos, vayámonos de aquí!». Si estás vivo, esta palabra bastará para estimularte. Cada vez que quieras quedarte sentado, instalarte, que te complaces en permanecer donde estás, acuérdate de esta voz apremiante que tedice «¡Levántate, vayámonos de aquí!»
Puesto que de todas maneras será necesario que te marches; vete tal como Jesús se va; vete porque él te lo ha dicho, no porque la muerte te lleva a pesar tuyo. Lo quieras o no estás en el camino de los que se van. Márchate, pues, siguiendo la palabra de tu Maestro, no porque te sientes forzado a ello.
«¡Levántate, vayámonos de aquí!». ¿Por qué te retrasas? Cristo camina contigo.



