La Santa Sede

El Papa León XIV llama a proteger a los menores migrantes y refugiados: «Incluso uno solo de estos pequeños»

Vaticano, 11 de agosto de 2026. Con motivo de la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el próximo 27 de septiembre, el Santo Padre León XIV hizo un llamado a poner en el centro de la respuesta migratoria la dignidad y los derechos de los niños y adolescentes desplazados, bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños» (cf. Mt 18,10).

En su mensaje, el Pontífice advirtió sobre la creciente vulnerabilidad de los menores que se ven obligados a abandonar sus hogares a causa de las guerras, la pobreza, la violencia, los desastres ambientales y otras tragedias.

Millones de menores afectados por la migración forzada

León XIV recordó que los niños y adolescentes constituyen uno de los sectores más vulnerables dentro de los movimientos migratorios. Muchos han perdido a sus padres, hermanos o amigos; otros permanecen separados de sus familias durante largos períodos, mientras que algunos realizan los peligrosos trayectos migratorios junto a sus padres.

El Santo Padre también llamó la atención sobre las graves situaciones que enfrentan estos menores, entre ellas la muerte durante las rutas migratorias, la trata y explotación, el reclutamiento para conflictos armados, la violencia sexual y los matrimonios forzados.

En este contexto, recordó las palabras del papa Francisco en su mensaje de 2017, cuando señaló que los menores migrantes se encuentran especialmente desprotegidos porque son menores, extranjeros e indefensos.

«Incluso uno solo»

Frente a esta realidad, León XIV centró su reflexión en las palabras de Jesús: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5).

El Pontífice subrayó que la cuestión no puede reducirse a cifras o estadísticas. Cada niño representa una historia y posee una dignidad que no depende de su condición migratoria.

«Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios».

Por ello, el Santo Padre exhortó a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los menores desplazados y a reconocer en cada uno de ellos la presencia del Señor.

Responsabilidad de la Iglesia y de la sociedad

León XIV pidió actuar tanto en los países de origen como en los lugares de tránsito y destino. Consideró necesario afrontar las causas que obligan a los menores a abandonar sus hogares, al mismo tiempo que se les debe garantizar protección y acogida.

En el ámbito eclesial, invitó a las comunidades cristianas a transformar la hospitalidad en una práctica pastoral permanente. También pidió integrar a los migrantes y refugiados como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, mediante procesos educativos y espirituales que vayan más allá del simple asistencialismo.

De manera particular, destacó la necesidad de prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, favoreciendo espacios de encuentro entre jóvenes migrantes y jóvenes de las comunidades de acogida.

Una responsabilidad compartida

El mensaje también extendió el llamado a las distintas comunidades religiosas. Para León XIV, la vulnerabilidad de los menores constituye un terreno concreto para el diálogo interreligioso y la cooperación en la creación de redes de protección.

Asimismo, pidió a las instituciones civiles colocar en el centro el interés superior del menor, mediante instrumentos jurídicos eficaces, protección de sus derechos, reunificación familiar y prevención de los traumas provocados por la separación.

El Santo Padre propuso, además, un cambio de perspectiva: pasar de una mirada centrada exclusivamente en la gestión de los flujos migratorios a una respuesta que priorice la protección de los derechos humanos, la acogida y las oportunidades reales de integración.

María, madre de los migrantes y refugiados

Al finalizar su mensaje, León XIV encomendó a los menores migrantes y refugiados a la protección maternal de la Virgen María, recordando que también la Sagrada Familia experimentó el drama del exilio cuando debió huir a Egipto ante la persecución de Herodes.

El Pontífice pidió que María acompañe los pasos de los niños desplazados y ayude a las comunidades a convertirse en «signos vivos y creíbles del Evangelio».

La 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado se celebrará el 27 de septiembre de 2026, como una oportunidad para renovar el compromiso de la Iglesia y de la sociedad con los menores migrantes y refugiados, recordando que, ante el sufrimiento de un niño, la respuesta cristiana no puede ser la indiferencia.

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