La Santa Sede

El Papa León XIV: “El cristiano no tiene enemigos, sino hermanos”

El 26 de diciembre, en el Ángelus en la fiesta de San Esteban – Un llamado a la fraternidad en medio de un mundo herido

En el marco de la celebración litúrgica de San Esteban, protomártir, el Papa León XIV centró su reflexión del Ángelus en un mensaje profundamente evangélico y actual: el cristiano está llamado a no reconocer enemigos, sino hermanos, incluso en contextos marcados por el conflicto, la violencia y la exclusión

La Navidad y una mirada nueva sobre el prójimo

El Santo Padre recordó que el misterio de la Navidad no se limita al recuerdo del nacimiento de Jesús, sino que inaugura una manera nueva de mirar la realidad y a las personas. Ser hijos de la luz implica aprender a reconocer la dignidad de todo ser humano, incluso cuando existen tensiones, injusticias o incomprensiones.

Desde esta perspectiva, el Papa subrayó que el seguimiento de Cristo lleva a “venir a la luz” una y otra vez, eligiendo conscientemente el amor y la fraternidad frente a la lógica del poder y la confrontación.

Una belleza que interpela y provoca resistencia

el Papa León XIV advirtió que la belleza del Evangelio, cuando se vive con coherencia, no siempre es aceptada. A lo largo de la historia —y también en la actualidad— quienes optan por la paz, la justicia y el servicio a los más vulnerables suelen ser ridiculizados, excluidos o malinterpretados.

Sin embargo, afirmó con firmeza que ningún poder puede imponerse sobre la obra de Dios, que continúa manifestándose allí donde las personas anteponen la reconciliación al miedo y la paz a la violencia.

“El cristiano no tiene enemigos”

Uno de los momentos centrales del mensaje fue la afirmación clara del Papa: “el cristiano no tiene enemigos, sino hermanos y hermanas”. Esta convicción, explicó, no ignora los conflictos, sino que los afronta desde una lógica distinta, basada en el perdón, el diálogo y el reconocimiento del otro como hijo o hija de Dios.

Esta actitud, lejos de ser debilidad, nace de una fuerza más profunda que la de las armas: la fuerza gratuita del amor, capaz de transformar los corazones y abrir caminos de esperanza.

El testimonio que hace creíble la esperanza

En referencia al testimonio de los mártires, el Papa recordó que su entrega no es una exaltación del sufrimiento, sino una proclamación de vida y de esperanza. Cuando alguien comienza a mirar al prójimo con respeto y misericordia, se reactiva una dinámica de luz que se comunica de manera silenciosa pero eficaz.

Allí donde se vive la fraternidad, incluso en medio de la prueba, la alegría cristiana se hace posible.

María, maestra de una alegría sin miedo

Antes de concluir, el Santo Padre confió a los fieles a la intercesión de la Virgen María, modelo de cuidado, fe y servicio a la vida. Pidió que ella conduzca a la Iglesia a una alegría que disipe el temor y venza toda amenaza, como signo concreto de la esperanza que nace del Evangelio.

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