EVANGELIO, LECTURAS Y COMENTARIO DEL DÍA 16 DE DICIEMBRE

Primera lectura Sof (3, 1-2.9-13)
La salvación mesiánica será enviada a todos los pobres.
Esto dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, impura, tiránica!
No ha escuchado la llamada, no ha aceptado la lección; no ha confiado en el Señor, no ha recurrido a su Dios.
Entonces purificaré los labios de los pueblos para que invoquen todos ellos el nombre del Señor y todos lo sirvan a una.
Desde las orillas de los ríos de Cus, mis adoradores, los deportados, traerán mi ofrenda. Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña.
Dejaré en ti un resto, un pueblo humilde y pobre que buscará refugio en el nombre del Señor.
El resto de Israel no hará más el mal, no mentirá ni habrá engaño en su boca. Pastarán y descansarán, y no habrá quien los inquiete».
Palabra de Dios
Salmo responsorial | Salmo 33, 2-3.6-7.17-19.23
℟. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. ℟
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. ℟
El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. ℟
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. ℟
Evangelio según San Mateo 21, 28-32
Vino Juan y los pecadores le creyeron.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». Él le contestó: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: «Voy, señor». Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creisteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creisteis».
Palabra del Señor
Comentario del Evangelio
Benedicto XVI, Papa (s. XXI) • Resumen de Homilía 25 septiembre 2009.
Jesús retoma en el Evangelio el tema fundamental de la predicación profética. Narra la parábola de los dos hijos enviados por el padre a trabajar en la viña. El primero responde: “«No quiero». Pero después se arrepintió y fue” (Mt 21, 29). El otro dice: “«Voy, señor». Pero no fue” (Mt 21, 30). A la pregunta de Jesús sobre quién hizo la voluntad del padre, los oyentes responden justamente: “El primero” (Mt 21, 31).
El mensaje está claro: no cuentan las palabras, sino las obras, los hechos de conversión y de fe. Jesús dirige este mensaje a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo de Israel, los expertos en religión. En un primer momento, dicen “sí” a la voluntad de Dios. Pero su religiosidad se convierte en rutina, y Dios ya no los inquieta. Por eso perciben el mensaje de Juan el Bautista y de Jesús como una molestia. El Señor concluye con palabras drásticas: “Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis” (Mt 21, 31-32).
Traducido al lenguaje de nuestro tiempo, esta afirmación podría sonar así: los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios; los que sufren a causa de sus pecados y desean un corazón puro, están más cerca del Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ven en la Iglesia solo un sistema, sin que su corazón quede tocado por la fe.
Esta palabra debe hacernos reflexionar mucho, debe impactarnos a todos. Pero esto no significa que se deba considerar a todos los que viven y trabajan en la Iglesia como alejados de Jesús. Absolutamente no. Es el momento de decir una palabra de profundo agradecimiento a tantos colaboradores, empleados y voluntarios, sin los cuales sería impensable la vida en las parroquias y en toda la Iglesia.
La Iglesia tiene muchas instituciones sociales y caritativas, en las cuales el amor al prójimo se realiza de forma socialmente eficaz y llega a los confines de la tierra. Quiero expresar mi gratitud y aprecio a todos los que colaboran en Caritas u otras organizaciones, o que ofrecen generosamente su tiempo y fuerzas al voluntariado. Este servicio requiere competencia profesional, pero en el espíritu de Jesús se necesita algo más: un corazón abierto, que se deja conmover por el amor de Cristo, y así presta al prójimo más que un servicio técnico: amor, con el que se muestra al otro el Dios que ama, Cristo.
También a partir del Evangelio de hoy, preguntémonos: ¿Cómo es mi relación personal con Dios en la oración, en la participación en la Misa dominical, en la profundización de la fe mediante la meditación de la Sagrada Escritura y el estudio del Catecismo de la Iglesia Católica? Queridos amigos, en último término, la renovación de la Iglesia puede llevarse a cabo solamente mediante la disponibilidad a la conversión y una fe renovada.
En el Evangelio se habla de dos hijos, pero tras ellos hay misteriosamente un tercero. El primero dice no, pero luego obedece. El segundo dice sí, pero no cumple. El tercero dice “sí” y hace lo que se le ordena. Este tercer hijo es el Hijo unigénito de Dios, Jesucristo, que nos ha reunido aquí. Jesús, entrando en el mundo, dijo: “He aquí que vengo para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad” (He 10, 7). Este “sí” no solo lo pronunció, sino que lo cumplió y lo sufrió hasta la muerte.
Jesús ha cumplido la voluntad del Padre en humildad y obediencia, ha muerto en la cruz por nosotros y nos ha redimido de nuestra soberbia y obstinación. Démosle gracias por su sacrificio, doblemos las rodillas ante su Nombre y proclamemos: “Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Ph 2, 10).
Pidamos a Dios el ánimo y la humildad de avanzar por el camino de la fe, de alcanzar la riqueza de su misericordia y de tener la mirada fija en Cristo, la Palabra que hace nuevas todas las cosas, que para nosotros es “Camino, Verdad y Vida” (Jn 14, 6), que es nuestro futuro. Amén.



